“Miércoles de Ceniza”

“Miércoles de Ceniza”

Lucas 2, 22-32

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: -«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

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Iniciamos un nuevo caminar ofrecido en éste tiempo nuevo de la cuaresma precisamente el miércoles de ceniza, día de ayuno y abstinencia como un preparación espiritual directamente conectada con nuestra realidad ordinaria y material. A continuación expongo el uso de los días de ayuno y abstinencia

¿QUÉ ES?

ABSTINENCIA:

No comer carnes de mamíferos o aves. Está bien comer pescado y mariscos.

AYUNO:

Consiste en hacer una comida regular durante el día y el resto dos pequeñas porciones que juntas no sean igual a la comida regular. No comer entre comidas nada.

¿CUÁNDO?

AYUNO Y ABSTINENCIA:

Solamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

ABSTINENCIA:

Los viernes durante la cuaresma.

Nota:

El Canon 1250 sugiere que todos los viernes del año sean penitenciales como un sacrificio personal. El Canon 1253 lo deja a decisión particular de cada conferencia episcopal de cada lugar, a su vez sugiere se pueda intercambiar por la realización de un acto de caridad si así se desea.

¿A QUIÉNES APLICA?

Todo católico mayor de 14 años está obligado a practicar la abstinencia, mientras que el ayuno es obligado para los católicos entre 18 y 59 años.

No obliga a personas en situaciones especiales, como mujeres embarazadas, trabajadores de carga manual pesada, así como aquellos que sufren alguna enfermedad. Ellos pueden ser excluidos, más se les invita a realizar otros actos  de caridad o piedad.

TOMA EN CUENTA QUE:

Esta es la guía de requerimientos mínimos propuesta durante el tiempo de cuaresma, pero no estás limitado a ellos, puedes de manera personal incrementar los actos de piedad o caridad según tu intención. 

De igual manera puedes incrementar libre y voluntariamente tus practicas de ayuno o abstinencia  de tus alimentos favoritos durante toda la cuaresma, podrías añadir cosas, como leer la Biblia veinte minutos al día, entre otros actos.

En todos estos actos de penitencia y mortificación se nos invita a realizarlos con prudencia.

Sería muy recomendable consultar a tu director espiritual antes de realizar practicas adicionales de sacrificios en la cuaresma.

“Hacer claudicar es lo de hoy”

“Hacer claudicar es lo de hoy”

Mateo: 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

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Al tiempo de un antiguo caminar que se renueva año con año, es decir el tiempo de gracia cuaresmal, no es otra cosa sino la oportunidad que Dios nos ofrece de renovar aquellas gracias que hemos perdido por el pecado que parece haber enraizado en nuestras vidas y sigue engrosando su mal.

Cuando decidimos caminar, crecer, purificarnos y renovar la gracia para extirpar aquello que nos impide andar por la senda que lleva a la felicidad y a la vida eterna, no falta el maligno que desde el primero momento se hace presente para hacernos cambiar de rumbo y no dejar nuestros vicios de pecado.

Caso concreto lo tenemos en Jesús, quien para iniciar su vida pública y anunciar el Reino, se retira, al margen del mundo para prepararse en contacto con su Padre Dios sobre la misión encomendada.

El maligno es el primero que no desea retirarse de su domino del mal ya que se ve atacado por el bien y la gracia de Dios llevada por Jesús, por lo que pretende hacerlo claudicar, no con cosas complicadas, sino con elementos básicos inherentes al ser humano, es decir, con el hambre, el orgullo junto con la fama y el poder económico. 

Tentaciones que a la primera un espíritu débil sucumbiría, pero que fortalecido en Jesús por la oración, resiste y sale adelante en su intención y misión.

Por ello es necesario fortalecernos este tiempo de cuaresma, con el ayuno, la oración y la caridad, que hacen convencernos a nosotros mismos de que podemos con ello y más. para no claudicar al primer intento de retirarnos de su gracia.