“El poder de uno”

El poder de uno”

Juan: 4, 43-54

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que Él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: “Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen”. Pero el funcionario del rey insistió: “Señor, ven antes de que mi muchachito muera”. Jesús le contestó: “Vete, tu hijo ya está sano”.

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: “Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre”. El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.

Éste fue el segundo signo que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.

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Pareciese que una sola persona no puede hacer mucho, pensamos que se necesita un grupo para poder hacer o cambiar cosas, situaciones y personas, sintiendo que estamos en soledad y nadie nos apoya.

Sin embargo el empeño, la dedicación, el amor, la tenacidad y valentía de uno, hace mucho más que miles, ya que muchas veces, esos miles, cientos o hasta dos o tres, pueden desanimarnos a no hacer lo que planeamos, haciendo sentir que es un error o que estamos equivocados cuando no; muchas veces la equivocación y error de cien, presentan su mentira como verdad para que claudiques en tu intención y eso no viene de Dios.

Uno solo es capaz de cambiar un entorno, como lo es Jesús, como lo transmite a los demás y que a través de la fe se realiza eficazmente el cambio.

El Caso es claro cuando el funcionario real pide a Jesús una sanación, situación que se convierte en milagro, y milagro que transforma familias, como es el caso de los allegados del del funcionario real, que junto con los de su casa creyeron en Cafarnaúm por el testimonio de uno.

Es por ello que se nos invita a no depender de un grupo para realizar un cambio y menos si es una conversión, nuestro testimonio hará que primero se siembre la semilla de la Palabra y el mensaje de Dios aún cuando se le rechace; irá creciendo poco a poco hasta que madure y acepte el cambio en su vida, pero requiere paciencia, oración y testimonio.

“Honor a quien lo merece”

“Honor a quien lo merece”

Lucas: 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.

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Resulta que hoy en nuestros días, los honores que se daban naturalmente por el esfuerzo hecho de aquellos que dedicaron su vida a una causa son cuestionados y, puestos en tela de juicio porque las ideologías no concuerdan con su antagónico pensar.

Pero en realidad lo que no se puede cuestionar son los hechos mismos y palpables que hablan pos sí solos sin necesidad de publicidad. Más no es ya una novedad que los honores se publiquen y difundan para ganar afectos, aunque hechos no encontremos al respecto, ya el honor se compra en nuestros días.

Hay que tener en cuenta que las obras altruistas así como la caridad y el amor no se publican, ni se presume, porque cuando se hace, pierde todo sentido y autenticidad. Todos esos que publican su caridad con videos e historias emotivas hasta las lágrimas, no dejan de ser egocéntricos que por ese medio quieren autentificarse como buenas personas.

El honor se da en automático cuando las obras hablan por sí mismas, y en lo absoluto dependen del reconocimiento de los demás, situación que Jesús mismo lo pone en claro, sin reclamos con aquellos que aún viendo todo el bien que hace y con los signos evidentes de ser el Hijo de Dios, aún así lo rechazan.

Pero los tiempos se juzgan a sí mismos sin necesidad de la intervención divina, y son crueles en sus afirmaciones, cosa que no sucede ante Dios, pero bien sabemos que Dios mismo honra a quien honor merece, sólo falta que no dejemos de hacerlo nosotros, ya que consiste en afirmar y reconocer la verdad misma, en los hechos y en las palabras.

“Evitando problemas”

“Evitando problemas”

Mateo: 17, 22-27

En aquel tiempo, se hallaba Jesús con sus discípulos en Galilea y les dijo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar”. Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza.
Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del impuesto para el templo y le dijeron: “¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?” Él les respondió: “Sí lo paga”.
Al entrar Pedro en la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?”. Pedro le respondió: “A los extraños”. Entonces Jesús le dijo: “Por lo tanto, los hijos están exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti”.

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No es rara la ocasión en que ante una situación que nos incomoda por la razón que sea, justificada o no, por odio o por envidias, se busca un argumento discreto para molestar y dar inicio a un incidente que haga quedar mal a la persona. 

En éste caso utilizan el tema del pago de impuestos del templo, que no debería de ser un problema porque como lo dice el mismo evangelio, Jesús los paga, pero con ello pretenden armarle un problema aún sin razón, que no deja de ser una excusa para impedir que siga predicando y crearle mala fama.

Sin embargo Jesús analizando la situación sabiamente, sobre todo evaluando la mejor opción, porque podría con todo el derecho defenderse, opta por no dar pie a que le armen un escándalo, prefiriendo pagar el mentado impuesto del templo, y no sólo de Jesús, sino también de Pedro para que no sigan por ese lado, además de demostrarle la total confianza que le tiene, ya que con los más queridos y cercanos se hacía esa acción.

Parece una derrota al obligarlo a pagar, pero ganó mucho más porque pudo continuar su misión, que es lo más importante en ese momento. 

Al Igual nosotros no debemos apegarnos a las reacciones negativas motivadas por los demás, hay que mesurar sabiamente si vale la pena el escándalo o simplemente manejar la situación dándoles por su lado para calmarlos, cuando en realidad se tiene un plan mayor.

“Que te den tu lugar”

“Que te den tu lugar”

Lucas 14, 1. 7-11

En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: —Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

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Hay una sensación que nos atañe a todos cuando de derechos se habla, ya que en éstos tiempos se nos ha sensibilizado a tal grado de exigir e imponer como norma total nuestros gustos y caprichos, hasta las situaciones enfermizas se legalizan tornándose en un derecho a exigir.

Pero hay que tener muy en cuenta que los derechos vienen anexos a las responsabilidades, no se les puede extirpar, aunque en un mundo que promueve lo insano, se fija en los derechos pero no en las responsabilidades, creando un ambiente ilusorio porque no se aceptan las consecuencias de dicha abstinencia laboral responsable.

En el caso del evangelio vemos muy claro esa misma actitud, nos han metido en la cabeza lo importantes que somos y los derechos que tenemos aunque no hayamos hecho nada para merecerlos, ya que no basta la amistad o el tratar de quedar bien, porque entonces estaremos usurpando el lugar de otro que sí se lo merece.

Los tiempos están puestos para comprarte el lugar en el que quieres estar y hasta lo presumimos, pero qué distinto es que el dueño de las plazas te otorgue un lugar porque te conoce, te ama y te otorga dicho lugar cerca de él.

La humildad favorece la relación y te ubica ya sea en la primera fila o en la última, porque está vinculada a la honestidad personal que sabe realmente dónde merecemos estar. Por ello, es mejor que te den tu lugar, no lo busques privilegiadamente y si así fuera, entonces previamente deberíamos de haber cultivado y trabajado esa amistad hasta hacerte sencillamente merecedor de dichos lugares. Humildad y verdadera amistad cercana, es decir el trato, es lo que hace merecerte ese lugar que quieres.

“Actitud fresca”

“Actitud fresca”

Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

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Es por ende de naturaleza que nuestro cuerpo manifieste todo aquello que nos afecta, tanto positivo como negativo, más esa es una expresión nata que refleja el interior de la persona. Además sabemos que tenemos la inteligencia y la capacidad para poder gobernar en cierta manera nuestra expresividad, de tal manera que si somos buenos para diplomáticamente aparentar una prudente actitud ante situaciones alegres, cuánto más no será en las negativas.

La actitud del cristiano a veces la identifican con la abnegación, con el tener que soportar todo sin hacer el mayor aspaviento y hasta a veces sin razón. Pero esa no es la correcta actitud, sino que se nos invita a que ante las circunstancias adversas, sepamos mantener aquella paz que nace precisamente de la gracia que Dios nos brinda al estar cerca de Él, por ello el poder intercesor de la oración, que nos va capacitando para entender esos males, de dónde vienen y a dónde van, y no tan sólo a sufrir por sufrir aprovechando el presente dolor.

Tampoco significa que tengamos que tener una actitud hipócrita que no es lo que la realidad presenta, simplemente es una actitud en la que no debemos de enfatizar el mal, ni el dolor, porque de suyo ya está sanando, y el proceso es doloroso.

Más la gracia de Dios puede darnos esa actitud fresca que denote siempre la alegría de Dios, a pesar de las circunstancias, sabiendo que es tan sólo una etapa y que es transitoria, porque sabemos que no llega para quedarse. Por ello siempre a pesar de todo, tu actitud no dejes que sé o la marchiten, tú mantenla siempre fresca, con la oración y la vida de gracia que ordinariamente la tenemos al alcance de la mano.

“…No hablen mucho….”

“…No hablen mucho….”

Mateo: 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

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Cuando hablamos de la oración, es muy variada, con múltiples formas y expresiones, no podemos limitarnos a una sola o en caso extremo afirmar que no sabemos orar, sin embargo Jesús nos recuerda cuán sencillo es, basta elevar la voz y clamar al Padre lo que le queramos decir.

Modelo perfecto de oración es el Padre Nuestro, del cual podemos desprender cada vez más un diálogo más profundo. Es una gracia que dediquemos un momento por pequeño que sea al creador, manifestando nuestro agradecimiento y amor, y por que no, hasta nuestro desagrado en caso de que así se presente.

Sin embargo me gustaría simplemente recordar que el evangelio es claro al respecto de la verdadera oración, no sólo es dirigirle la palabra a Dios, no sólo es acordarnos de Él, no sólo es recitar unas palabras como si fueran un sortilegio protector mágico al inicio o al final del día.

Eso no es tan sólo la oración. Se nos recuerda que la oración va acompañada de la acción, es imposible pedir perdón y no perdonar, ofender y quedar impunes, no es sólo hablar la oración, es hacer eficaz y propio aquello que oramos, sea de agradecimiento, perdón, arrepentimiento, necesitad, salud, etc… Conlleva la actitud correcta en el momento correcto y con la petición correcta, es un conjunto: intención-petición-oración-acción-santificación.

Pero si nos quedamos en el puro hablar, entonces no decimos mucho, porque no expresamos todo, incluyendo la mente y el cuerpo, sólo las palabras y esas no dicen mucho, dice más tu acción. Y esa es la oración que transforma y te lleva a vivir lo que pides y a recibir lo que anhelas, inicia con el Padre Nuestro y termina con el amor concreto a toda la creación, tanto la visible como la invisible.

“No se lo cuentes a nadie…”

“No se lo cuentes a nadie…”

Marcos: 1, 40-45

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sanas” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a El de todas partes.

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Sí hablamos de necesidades, podemos a ciencia cierta afirmar que nadie se escapa de ello, si hasta el más acaudalado las tiene, nos se diga del que no posee gran cosa. Por lo general remarcamos las necesidades en el orden de lo material, también las hay en el orden de la salud, así como las hay en el orden espiritual. Podríamos pensar que van llegando en esa secuencia, pero en la realidad casi siempre sólo buscamos las materiales.

No hacemos ningún mal al hacerlo, de hecho estamos en nuestro derecho, pero me gustaría remarcar que en cualquier necesidad se enfatiza el nivel personal, es decir, la necesidad es muy propia de una persona y a la vez muy concreta, hasta podría afirmar que si se necesitase un milagro para solventarla la finalidad te incluiría a ti, obrando Dios de manera privada para tu crecimiento integral, el milagro sería exclusivo para ti y nadie mas.

Pero como estamos en los tiempos de publicar todo lo que hacemos y no hacemos, de presumir e informar a todos lo que es tan personal y que además a nadie le interesa, sembrando una morbosidad malsana que cada vez exige más. En este medio aún así con la mayor buena intención se pierde la finalidad.

Eso fue lo que le pedía Jesus al leproso: “No se lo cuentes a nadie”, no porque fuera algo secreto, sino porque se debe permitir aquilatar el bien solventado, se debe asimilar para en respuesta tomar una actitud personal que nos lleve a reconocer la grandeza de Dios y claro hacer eficaz la gracia de Dios que a través de el regalo recibido nos transforma.

Pero no; nos quedamos con el espectáculo y la encandilada del milagro gritándolo a los cuatro vientos, eferveciendo el sentido de grandeza pero no el de transformación interior. La euforia se alzó a tal grado, que Jesús ya no pudo transmitir su gracia, lo convirtieron de Mesías a curandero, a tal grado que mejor se quedaba a solas y fuera de las ciudades a donde acudían.

No entendemos que el milagro es personal, la transformación personal, la moción personal pero el testimonio y la santificación comunitaria, por ello termina diciendo “para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”. No eso ya no lo queremos hacer.

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies

Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños»

Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

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Una de las cosas que Jesús tiene presente y muy clara en su vida es su misión, es realista pues sabe de donde viene y sabe a donde va, es decir ha construido un plan de vida con metas específicas y claras hasta llegar al cúlmen de su obra, con su entrega generosa en su muerte y resurrección.

Uno de sus objetivos específicos es llevar primeramente a los suyos la Palabra y el Reino de Dios, para que posteriormente ellos lo hagan llegar al resto de la humanidad. Pedagógicamente predica y hace sus obras al pueblo judío por la sencilla razón que se supone están inmersos en el contexto de la historia de la salvación reconociendo las profecías hechas desde antiguo e identificando al Mesías en Él mismo.

Cosa que muchos lo hicieron, pero que otros tantos no, aún conociendo el plan divino. Por ello ante una mujer sirofenicia, pagana, es decir, no tiene conocimiento de Dios ni vida religiosa practicante, a lo mejor inicialmente lo busca como inclusive muchos judíos, como el curandero.

La respuesta de Jesús hacia ella fue con toda amabilidad y respeto: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Es decir, atiende a los encomendados en su misión sin faltarle el respeto a ella en su expresividad.

Cual es la sorpresa de Jesús que se lleva al identificar en ella una expresión llena de fe y esperanza, no encontrada en los suyos: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños». Eso le valió para que la gracia de Dios obrara y, ella creciera aún más en su fe inicial en Dios. Cuantas veces nosotros cuando pedimos, exigimos como hijos, pero como hijos demandantes, con el sentimiento de merecimiento y la exigencia de la obligatoriedad en recibir.

En el pedir esta el dar, si pedimos con fe, que se manifieste esa fe, si pedimos con generosidad, que la nuestra sea la primera dispuesta, que ante cualquier cosa que le solicitemos nuestra mente, alma y corazón estén puestos en Dios y no tan sólo en el beneficio a recibir.

“No hay nada de fuera que pueda contaminarte…”

“No hay nada de fuera que pueda contaminarte…”

Mc 7,14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: «¿Así que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» —así declaraba puros todos los alimentos—.

Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».

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Una preocupación principal que nos roba casi siempre toda la atención es la apariencia externa, buscamos mantener una imagen impecable, siempre que nos vean con la mejor pose. En este punto y a este nivel importa mucho el que dirán, nos preocupamos en demasía de la opinión de los otros, que al final de cuentas no es importante en sí mismo

Ante este esquema, la reacción suele ser la defensa a través de la crítica, como pienso que me critican, yo critico, entonces tengo que levantarme rebajando a los demás. Esos son sólo esfuerzos vanos y perdidos en sí mismos, porque lo que define tu ser, no es lo que piensan los demás, sino lo que sabes valer de ti mismo.

Por eso nada que venga de fuera puede mancharte, intentarán embarrarte pero eso se lava fácilmente. Otras veces faltamos a la caridad negando el saludo a los “pecadores”, como si nos fueran a contaminar, claro que no te contaminan en nada externo, al contrario tomando esa actitud ya estás manchado en sí mismo con la indiferencia de tu desprecio.

A lo mejor sí te rompe el esquema de tu entorno con los teatreros y con los qué dirán. Qué lástima cuando tu mundo gira en esos esquemas, ya me imagino cuán grande ha de ser tu ansiedad porque ese nos es camino para la felicidad, mucho menos para la paz interior.

Lo que sí nos mancha de a feo, es cuando optas libre y voluntariamente dañar, criticar, levantar falsos, así como cualquier pecado que tramemos realizar, porque eso decides que te defina por antonomasia personal, ahí si que nadie te obliga a realizar un acto pecaminoso y si lo hacemos es porque lo permitimos.

Por eso más que cuidar la buena fama, hay que cuidar la gracia, que ante ésta, la otra sale sobrando. No olvides, nada que venga de fuera puede contaminarte en sí mismo, sólo que caigas en la trampa y lo permitas.

“Conformistas y consolados”

“Conformistas y consolados”

Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

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Los valores a través del tiempo, aunque son únicos e inmutables, la cultura del tiempo los va cambiando y hasta desvirtuando, de tal manera que llega a poner como valor absoluto inclusive los malos hábitos y los pone de moda, claro con sus debidas facturas a pagar que sin falta llegan a su tiempo, de lo cual no te informan, pero ese no es el problema, a fin de cuentas al final caemos en cuenta de que eso no era valor, sino todo lo contrario.

La cuestión radica en que aunque cada vez tenemos más y mejores situaciones así como oportunidades, sin embargo no dejamos de ser conformistas, lo cual me atrevo a afirmarlo porque no dejamos de buscar siempre lo mismo, parece que tenemos una rutina autocícilica en total dependencia con aquello que te atrae, dígase personas, cosas, bienes y entre otras cosas algunos vicios.

No llamo conformismo a tan sólo navegar por la miseria y la pobreza en aquellos que no quieren salir de su situación, sino que incluyo a los que de igual manera inundados en la riqueza se conforman con ello.

Aquí es donde llamo a los consolados, aquella gama de personas que van desde los que buscan sólo tener para comer, hasta los que las riquezas y la abundancia de bienes les consuela, pero no les otorga la plena felicidad.

Son esos que parece que les basta el consuelo de éste mundo, sin embargo no llegan a la dicha, el sentirse realmente orgullosos no de lo que tienen, sino de lo que son, de su experiencia, de su capacidad para llegar a los demás y alentarlos aún en sus propias necesidades, los que no se conforman con un auto del año por más renombre que tenga, ni se consuelan con un premio de millones, aunque esto sea bueno. La razón es porque eso no sacia a un corazón que espera lo que realmente lo llena, es decir la dicha de haber dado de sí, algo a los demás, de haber salido adelante a pesar del dolor, de saber caminar con la frente en alto y sin prejuicios.

Esos no conformistas y consolados son los que necesita el mundo tan necesitado de novedad y admiración de la propia vida que nunca deja de tener lo suyo, con o sin bienes. Por ello, no dejes que el mundo te consuele, busca siempre algo mejor.