“…Deja que los muertos entierren a sus muertos”

“…Deja que los muertos entierren a sus muertos”

Mateo: 8, 18-22

En aquel tiempo, al ver Jesús que la multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente. En ese momento se le acercó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en donde reclinar la cabeza”. Otro discípulo le dijo: “Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le respondió: “Tú sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”.

—————————————

El seguimiento de Jesús de manera permanente, como aquellos que consagran toda su vida dedicada a ello, no es para todos, porque Dios en su infinita misericordia ya tiene un plan perfecto, preparado para cada uno de nosotros, plan que debemos de ir descubriendo en el transcurso de nuestra vida para responder, cuando en la mayoría de los casos ya estamos donde el Señor pretende que demos frutos.

Y es que no se trata de una moción sentimental que se da de manera circunstancial, en este caso al paso de Jesús quien mueve corazones, sino que su presencia debe remarcar la misión de cada uno de nosotros como sus discípulos e hijos de Dios, donde en nuestras labores y a través de ellas, viviendo el Reino de Dios, haremos un ambiente excelente para santificarnos y disponer nuestros dones a dar frutos, todo por la gracia que Jesús brinda y comparte.

Por eso, esas llamaradas de petate tan efusivas y llenas de sentimiento en su momento, con los hechos y las labores así como las renuncias personales que conlleva el seguimiento, se pierden en aquellos que al momento no le encuentran sentido a esa forma de vida dedicada a Dios. Cuando los ánimos bajan, nos encontramos nuevamente con nosotros mismos y lo que queremos en la vida. Que de suyo ya es una bendición de Dios, donde realmente sabremos que nuestra misión es otra.

De igual manera, es una bendición cuando directamente el Señor llama, porque sabe a quién le ha preparado su corazón para ello y quiere que responda con los dones ya otorgados.

 Pero si los dones son para otra área del Reino de Dios, es ahí donde Dios los ha dispuesto para complementar su obra, con tu propia manera de ser en conciencia de Discípulo que sigue participando del llamado, pero desde el lado del testimonio ordinario de la vida.

Habrá quien quiera seguirlo como en el evangelio, pero si esa no es su vocación, no responderá con alegría, ahí es mejor que siga donde está porque desde ahí se santificará, habrá otros que son llamados a responder cerca del Señor, y no lo harán, pretextos siempre pondremos, como lo hace quien le dice que le permita enterrar a su padre, a lo mejor un pretexto excusándose de una no tan necesaria labor, porque por algo lo llama, Dios sabe lo que dejará y también lo que podrá realizar en adelante.

La respuesta: “deja a los muertos que entierren a sus muertos” precisamente se refiere a que si el Señor te ha llamado a transmitir esa vida nueva, deja a aquellos que no lo desean seguir, se encarguen de esos detalles como un funeral, que cualquiera lo puede hacer.

El Señor te llama, a todos sin excepción, síguelo dondequiera que estés, y si es más de cerca, es una bendición especial a unirte precisamente a su pasión y misión, el resto no te preocupe que ya lo tiene contemplado y está todo en sus manos. Tú síguelo. 

“Cuando arrestaron a Juan…”

“Cuando arrestaron a Juan…”

Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el“Evangelio». Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

—————————————————

Una de las cualidades en las que Dios se manifiesta, es a través de los hechos y acontecimientos que van coordinadamente en sucesión dentro del plan divino, porque nada pasa por coincidencia, todo tiene un por qué y un para qué.

El Caso lo tenemos muy claro, cuando en ésta lectura inicia remarcando “Cuando arrestaron a Juan”, fue el signo evidente para Jesús de que la obra precursora de Juan en cuanto prepararle el camino, había concluido, su obra ya estaba hecha, ahora es el turno de Jesús, donde entonces se marcha a Galilea para realizar certeramente su misión anunciando que es tiempo, que debemos tomar una actitud de preparación e iniciando a elegir a sus discípulos y apóstoles que continuaran su obra.

Dios va disponiendo a las personas y situaciones de una manera sublime y a veces imperceptible, sobre todo para los distraídos de las cosas de Dios e inmersos obsesivamente en las cosas del mundo, sin un equilibrio que conjugue ambas realidades. 

Podríamos pensar que las cosas no salieron bien, porque arrestaron a Juan Bautista, lo asesinarán posteriormente, a Jesús lo rechazan incluso los suyos, el panorama no pinta bien para nosotros, pero lo que no vemos es que la obra se está afianzando lenta pero de manera segura.

Y es que Dios no obra conforme a nuestros ideales y perfectos planes, sino que se vale de todo, hasta de las propias obra negativas, para incluso con ellas glorificar a Dios. Eso no cualquiera lo entiende, pretende que Dios obre tan sólo en lo bueno y perfecto, pero inclusive dentro el máximo dolor que se presenta, Dios está al pendiente para que el resto salga bien, no importa el medio ni las circunstancias, pero hay que saber verlo, porque el dolor humano, los odios adquiridos y los sembrados velan totalmente la mente y la paz del alma.

Sin embargo tanto Juan como Jesús completaron su obra, los aspectos negativos no son divinos, surgen de la capacidad humana de denigrar la propia dignidad demostrando que tan bajo puede caer y lo ha hecho. Por ello, Dios está en todo y nada queda sin su mirada ni sale de su plan, aunque malamente nosotros lo cambiemos, Dios cambia el suyo para obtener lo mejor de ello.

“Los llamó”

“Los llamó”

Marcos 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges —los truenos—, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó.

——————————————————-

Por lo general solemos pensar que en nuestra vida tenemos una capacidad de elección muy diversa y a su vez selectiva, es decir, tenemos un amplio margen de seleccionar lo que más nos agrada, creemos que todo está dispuesto en nuestra voluntad y que hacemos lo que mejor nos parece.

En realidad, sí puedes elegir lo que desees a tu mejor gusto, pero muchas veces elegimos más que selectiva, condicionadamente, porque los gustos aunque ya se van perfilando en tu vida desde el nacimiento y se van acentuando durante el crecimiento, muchos de ellos son implantados, ya sea por elección de la propia familia o en exigencias optamos por lo contrario; como cuando en tu casa se usa preparar casi a diario arroz, o quedas impuesto, o lo odias de por vida, así mismo reaccionamos en todos los niveles de la vida, no somos tan libres de elegir cuando ya estamos predispuestos a algo previamente implantado, ya sea con el ejemplo o las costumbres.

Ahí tenemos el caso de aquellas personas que buscan una pareja, suelen repetir patrones iguales o semejantes a los de sus padres, tanto en virtudes como en vicios y esa aunque es una libertad de elección, la condición implantada predomina y eso no es libertad de elección, aunque te parezca que sí.

Una gran ayuda es la que Dios nos brinda cuando nos llama, porque la elección en parte es tuya de seguirlo, cuando en realidad estás respondiendo a un llamado al que eternamente fuiste elegido, porque Dios que te conoce y que te ha dado los dones necesarios para las tareas que sabe con ellos las harás eficientemente, como frutos para tu propia santificación.

Cuando te llama, confirma su plan sobre ti, te ayuda a discernir tus mejores elecciones en la vida sin equivocación, sin predeterminaciones, ni limitaciones en tu libertad, porque sabe que lo que te pedirá, es lo que puedes dar. Es por eso que a los doce los llamó, sabiendo que podían decir que no, pero que escuchando su corazón, se saben en el camino correcto.

Al igual a nosotros nos llama a santificarnos ahí donde estamos, con las circunstancias que vivimos, y los problemas reales que nos afectan, por ello te puso donde puedes, para que con aquello que vives tu mismo te santifiques, por eso te llamó.

“Vengan y lo verán”

“Vengan y lo verán”

Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).

———————————————

Ante el reconocimiento de Juan el Bautista de Jesús, nos encontramos con otra realidad, vemos cómo un testimonio hace que a los cercanos a él llegue la acción de Dios, y el caso es claro, porque aunque Juan es quien lo reconoce, en realidad los que lo siguen son dos de sus discípulos, y a su vez, ellos atraen a otros como lo vemos cuando acercan en el mismo esquema a Pedro.

Precisamente esa es la dinámica de Dios, no importa si se es seguidor o no, el testimonio ya es una gracia de la cual Dios se vale para mover a los corazones de otros, porque al final, dejamos permitir ser instrumentos de la gracia de Dios y eso a veces sin darnos cuenta, porque no deja de obrar.

Si un simple comentario positivo lleva la acción de transformación interior, cuánto no será aún más si lo hacemos con un conocimiento certero, aquel que se profundiza precisamente acercándose a Jesús, porque es necesario empaparnos de Él, para poder más eficazmente ser instrumentos del Espíritu Santo, porque si de suyo tan sólo un buen ejemplo ya afecta, será más eficaz si esa misma persona se dispone conscientemente a la gracia para ello, entonces todo se dará en plenitud.

Es por ello, que no basta escuchar de Jesús, hay que ir y verlo con nuestros propios ojos, encontrarnos con él, vivirlo de cerca, porque entonces veremos claro y ya no nos lo contarán, sino que seremos testigos del mismo amor de Dios, y su vez testimonio inefable para los hermanos.

No duden, vengan y lo verán.

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al “ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con recaudadores y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores»

—————————————————-

Desde que tenemos memoria histórica, nos hemos topado con la realidad de la sectorización en el plano de las relaciones humanas, de donde directamente surgen las divisiones sociales y los estratos. Cosa que en su momento llega a acentuarse tan radicalmente que raya en el atropello de la misma dignidad humana.

Jesús no tan sólo viene a redimirnos del pecado, sino además cuida de aquella condición participada de nuestra humanidad en cuanto imagen y semejanza divina, cuida de igual modo la Dignidad. Habrá quien desee divididamente impuestos, a su vez separar la acción de Dios en las relaciones humanas, desencajándolas de la realidad social y política, para limitarlas a tan sólo el ámbito de la espiritualidad.

Pero es muy claro, su base del trato humano no se rige por las normas humanas positivas impuestas en un ámbito excluyente debido a la condición económico-laboral-social de la persona, sino en su propio ser, y éste es el que nunca ha cambiado a los ojos de Dios, todos iguales en dignidad y respeto.

Es por ello que no le importa la crítica por el acercamiento a los indeseados según las clases dominantes, porque sabía que estaba restaurando esa parte dañada por la misma humanidad, sin embargo, hoy en día, creo que seguimos el mismo patrón excluyente, tanto de un estrato como del otro, y lo primero que debemos sanar es eso que nos limita en toda relación y caridad con el hermano.

Creo que podemos iniciar por no remarcar farisaicamente cuando un personaje público o religioso haga su obra, porque hace lo que a veces nosotros no somos capaces de hacer, tratar con ecuanimidad al hermano que no ha podido salir de su situación lamentable, podemos ayudar no rechazando con nuestras palabras, para culminar ya iniciado el camino con un trato fraternal, creo que hasta el agradecimiento en esos casos se hará notar y entonces sanarás tu y sanarás a tu hermano.

“Y se fueron tras Él”

“Y se fueron tras Él”

Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia». Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se fueron tras él.

_______________________________

La imagen más directa que tenemos de aquellos que se encuentran con Jesús, sobre todo en en los evangelios, hacen que tengamos una impresión de seguimiento radical, pensando que esa es la única manera de seguir al Señor, como lo tenemos explícito en éste segmento del evangelio.

Además de eso hay que remarcar que ciertamente el seguimiento de Jesús, en esos precisos momentos era lo que se requería con las personas en su momento adecuadas y sobre todo, respondiendo de esa forma a ese llamado muy particular.

Hoy en día la cuestión del seguimiento, sigue siendo la misma, pero ese papel inicial y a esa escala de respuesta ya lo realizaron sus apóstoles y discípulos de su tiempo, por así decirlo, ya está cubierta esa etapa que requería en su momento dicha respuesta y  entrega, que sin ella no hubiera sido posible su obra.

Es un hecho que los tiempos y las circunstancias han cambiado, pero el llamado sigue en la misma intensidad, la respuesta creo que debe de darse de igual manera pero adecuada al momento presente, a lo mejor ya no dejaremos las redes porque al parecer jamás hemos tenido experiencia con ellas, pero tienes otros campos que van desde el hogar, la familia, el trabajo, las amistades, desde donde sin desfazar la realidad podemos responder muy concretamente, de manera sencilla, como lo fue en ese tiempo, pero dentro de tu ámbito ordinario de vida.

Es necesario seguir tras de Él de igual manera, quitando la escena original evangélica del llamado y, ubicándola aquí y ahora donde sigue siendo posible, basta reconocer que quieres ser su discípulo, seguir, aprender del maestro y transmitirlo desde los más pequeños detalles donde andes. Esos radicalismos hay que aplicarlos ahora, sobre todo ahí donde es necesario cambiar lo que nos daña, dese las actitudes, las palabras y los lugares que nos llevan a la infelicidad, por ello, también hoy en día, sencillamente muchos se fueron tras de Él.

“Y le seguían multitudes…”

“Y le seguían multitudes…”

Mateo 4, 12-17.23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftali, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

_____________________________

El hecho mismo de que se hable de multitudes las cuales seguían a Jesús, no indica que su popularidad sea genérica y mueve masas, no es como un personaje publico o del medio artístico que tan solo revuelve, siembra ideologías y se retira sin dejarte e n lo absoluto nada en lo personal a no ser que por el contrario te quite de lo tuyo, de tu dinero por el espectáculo.

Así no es Jesús, ese hecho de las multitudes revela una necesidad, una reacción en cadena ante un mundo ya cansado de tanta inmundicia en todos los niveles de la vida humana, y su primera reacción es ante la novedad de la gracia que conlleva Jesús.

Aunque sean muchos y se acerquen en grandes grupos, al final cada quien se lleva a Cristo a su hogar, cada quien obtiene la respuesta personal a sus necesidades concretas, y todos participan de una gracia que se contagia en el ámbito del mismo amor de Dios.

Es por ello que si vemos esas multitudes, no es para que las juzguemos como acarreados sin pensamiento, en este caso su mente es muy consciente de lo que requieren y por ello están ahí, no importa en la multitud, porque las gracias de Dios y su poder es tan grande que ello basta para sanar tu necesidad, porque tu actitud está puesta ahí donde debe de estar, no importa lo que digan los demás. 

Ya sea en grupo o en particular, lo que importa es tu actitud y disponibilidad para aceptar al Señor Jesús en tu corazón y del resto Él se encarga.

“En medio de ustedes hay uno…”

“En medio de ustedes hay uno…”

Juan 1, 19-28

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías».

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»

Él dijo: «No lo soy».

«¿Eres tú el Profeta?»

Respondió: «No».

Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías».

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»

Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

_____________________________

Al inicio de esta gracia divina de un año nuevo, se nos remarca algo que no podemos dejar de pasar por alto, y es que hay que reconocer la bendición que se nos ha dado un Niño que ha sido destinado a cambiar el sentido de nuestra propia vida, a una versión muy mejorada de nuestros propios perfectos planes.

Alguien que te invita a no avanzar solo, sino que te quiere acompañar para que puedas certeramente encontrarte seguro ante las adversidades que pudieran perturbar tu camino y, es justo que lo conozcas, porque si no sabes en todo lo que puede ayudarte, desaprovecharás la gracia que de suyo viene a compartirte porque te ama y jamás dejarte solo.

Pero es una pena, cuando no sea ya una desgracia el hecho de no conocerle, saber que está en medio de nosotros, que nos busca amable y cordialmente como quien te desea lo mejor y está para apoyarte incondicionalmente, que tan sólo exige una pizca de amor.

Sí, de ese amor que da miedo, que exige una respuesta tan sólo en ese campo, aquel que nos aterroriza porque ya no sabemos amar y preferimos rechazarlo porque de suyo ya lo hemos rechazado en nuestro propio corazon, y claro, sin éste amor, a vivir tolerándonos al máximo con un compromiso con el otro tan sólo al nivel de relaciones públicas y sociales que ni a humanas llegan, incluso en tu propia casa, tu familia y tu pareja, todo funcional pero frío, sin ese amor que podría transformar tu propio mundo.

Pero recuerda, ahí está, porque “en medio de ustedes hay uno que no conocen”, y si seguimos así, siempre será el eterno desconocido y ese es Jesús.

“Lo malo de hacer el bien”

Lucas: 21, 12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

______________________

Muchas de las veces, tarde o temprano nos llega la eterna pregunta ¿Por qué si hago el bien me va cada vez más mal?, de igual manera vemos que a aquellos que no laboran tan bien como se debe, les va de maravilla, como si no pasara nada, hasta en un momento de cansancio podríamos pensar que hacer todo bien no vale la pena, tanto esfuerzo para nada, a veces decidiendo caer precisamente en la trampa de tomarlo como una maldición y renunciar a ello.

Entonces en esa etapa, ya caímos en el plan del maligno, ya llenos de coraje y odio le damos vuelo a la hilacha hundiéndonos cada vez más en el ya ordinario pantanal del mundo como si fuera lo normal, y en ocasiones alentados por sus marionetas que no dejan de estar siempre a nuestro lado.

Aquí no se trata de una profecía o una maldición hecha por Jesús a los que le seguimos y tratamos de llevar una vida conforme a la voluntad divina; a lo mejor así lo presenta el maligno, pero en realidad todo cuanto nos acontece lo es precisamente por pura envidia del demonio que no tolera ver en medio del mundo tango bien realizado y lo ponemos en crisis.

Es un hecho que el demonio nunca va a atacar a los que hacen el mal, para qué si ya los tiene trabajando para sí, ataca con todo lo que puede a los que no puede hacerlos suyos, es por ello que cuanto más trates de hacer el bien, más te van a atacar, incluso tus mejores amigos y familiares, porque les duele ver el bien que haces y que ellos no, además de que se prestan al teatrito del chamuco, por ello nunca te canses de hacer el bien, no es ninguna maldición, al contrario, combatir al mal a fuerza de bien, porque atacar mal con mal, ya perdimos y así entramos en el esquema del maligno.

Eso es lo malo de hacer el bien, pero el bien siempre es mayor aunque el mal haga escándalo para publicarse.

“¿Quién lleva la delantera?”


Mateo 21, 28-32 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. 

Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en Él”. 

—————————————————

Definitivamente todas las circunstancias que nos rodean, son las que nos brindan una pincelada de la realidad, pero esa pincelada varía de tiempo en tiempo y de región en región, tan es así, que para lo que a unos resulta una vida ordinaria, para otros es un exceso y viceversa.

Es por ello que en este tiempo no basta con sentirnos que estamos bien, tan sólo porque estamos estables en cuanto a economía o problemas resueltos. Hay que indagar aún mas, sobre todo en esas áreas dónde bien sabemos que no basta con llegar hasta donde estamos.

Resulta que en el mismo evangelio de este día, hace sobresalir la actitud de aquellos que en medio de sus dificultades suelen crecer y darse cuenta de sus actual situación para salir de ella, pone como ejemplo a los publicanos y las prostitutas, los cuales llevan la delantera en el crecimiento moral y espiritual, para posteriormente migrar al físico y material.

Pero si seguimos pensando estancadamente que estamos bien, jamás lograremos un cambio mejor y radical, aquí el peor enemigo no es el pecado, sino uno mismo que lo habitúa a la propia vida como lo ordinario.

Las buenas intenciones no bastan, ni los buenos deseos, ni las ideales iniciativas, eso no cambia nada, si acaso tan sólo un esfuerzo mental, pero nada más. La delantera la llevan quienes realmente miran mas allá de donde están, de aquellos quienes no se ha apagado el espíritu de novedad y no han quedado en conformismos. Este tiempo no deja de ser la oportunidad de obedecer en realidad a Dios, hacer oportuna y bien hecha nuestra labor y mantenernos siempre en actitud dinámica hacia el futuro.