“Se apareció otra vez…”

“Se apareció otra vez…”

Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: –«Me voy a pescar».

Ellos contestan: –«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: –«Muchachos, ¿tenéis pescado?»

Ellos contestaron: –«No».

Él les dice: –«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: –«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: –«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: –«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

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El hecho de que nos lleguen brotes de fe allá de vez en cuando, no significa que estamos completos en las obras que nos llevan a la salvación, de suyo es un proceso tan bello así como pacientemente llevadero día a día, que con una sola moción no basta.

Es necesario constantemente ir y venir al encuentro con el Señor para fortalecer y reforzar nuestros corazones, ya que las dudas e incertidumbres suelen borrar de súbito toda muy buena intención.

Es por ello que Jesús conociendo de manera personal a esos corazones frágiles y titubeantes, no se complace con hacer una sola intervención, sino que constantemente se hace presentemente entre ellos para alimentar una y otra vez nuestra condición humana hasta llegar a la confidencia total.

No nos extrañe que los testimonios, así como las llamadas cercanas de nuestros hermanos nos lleguen de vez en cuando una y otra vez, no porque el Señor sea necio, sino porque estás desaprovechando día a día la oportunidad de la vida de la gracia que se da exclusivamente para ti y los tuyos.

Ya de nosotros depende dar importancia a los casos u omitirlos, pero no se te olvide que al final la responsabilidad es tuya y en un tanto de aquellos al igual que no hicieron el intento de compartirlo cuando les fue dado.

“Testimonio v.s. Rumores”

“Testimonio v.s. Rumores”

Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: –«Éste es de verdad el profeta».

Otros decían: –«Éste es el Mesías».

Pero otros decían: –«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?»

Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: –«¿Por qué no lo habéis traído?»

Los guardias respondieron: –«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».

Los fariseos les replicaron: –«¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos».

Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: –«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?»

Ellos le replicaron: –«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».

Y se volvieron cada uno a su casa.

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Existen conceptos que revelan exactamente las realidades, más sin embargo dichas explicaciones aunque de suyo son genuinas, no terminan jamás de dar a conocer en su totalidad la realidad que representan. Es por ello que en nuestro aprendizaje tradicional, estudiamos los conceptos, pero no son asimilados sino hasta cuando llegamos al campo experimental, donde nos topamos con la realidad.

En éste evangelio encontramos exactamente la misma situación ante la persona de Jesús y la proclamación de la verdad. Por un lado tenemos a los que son testigos en sí mismos de su ser y obrar, mientras que de igual manera están los que sólo conocen conceptos y rumores, ambos con pensamientos radicalmente abismales.

Y es que para conocer, no basta tan sólo escuchar, hay que tener un encuentro con aquello que se nos es presentado de palabra para identificarlo y asimilarlo. Hoy este mundo se mueve totalmente en el concepto de la virtualización, es decir, conocer todo sin experimentarlo, hay cursos en línea aquí, allá y por doquier, lo cual fomenta un ámbito surrealista donde nuestro obrar se limita a ese campo, mientras que la realidad totalmente desatendida, y nuestra vida y la de los demás, no se diga dónde quedan.

La experimentación es la mejor y más eficaz manera de conocer la verdad, y aquí, en el plano de la fe; es vital, ya que desde que nacemos tenemos contacto con los rumores acerca de Dios, su voluntad y designio salvador, pero jamás nos hemos acercado a conocerlo personalmente, encontrarnos con Él y vivir su presencia intensamente como cualquier otra realidad que nos circunda. Todo queda en conceptos y en la vida real nada.

Aquí la espectral y fantasmagórica presencia de los rumores, contra la grandeza del testimonio real. Por ello hay que conocerlo, no de oídas, ni de palabras, sino de presencia y corazón.

“San José, Esposo de María”

“San José, Esposo de María”

Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
—«Si yo doy testimonio de mi mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mi.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?» 

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Siempre con alegría recibimos la festividad de San José, en la advocación de Esposo de María, ya que encontramos a Dios mismo haciendo partícipe de su gracia a seres humanos tan ordinarios como tú y como yo, dentro de sus mismas circunstancias de vida.

No elige Dios a mega super humanos, sino que los llama desde la eternidad misma a cumplir una parte específica dentro de la creación, misión que de igual manera tenemos cada uno de nosotros y a la cual estamos invitados a realizar.

José no es muy citado dentro de las Sagradas Escrituras, no porque no sea importante, sino porque en realidad hace su papel tan eficazmente que no hay necesidad de remarcarlo ni hacerle publicidad como hoy en día. Las menciones bíblicas se dan tan sólo en el ámbito del específico plan de la Salvación y, como José tuvo una intervención directa,  de ahí su presencia se hace notoria sin mayores aspavientos.

Se nos revela en José, un hombre lleno de amor, fuerte, capaz de enfrentar responsablemente los retos, maduro, excelente esposo y padre. En realidad no tiene nada diferente a nosotros ya que de igual manera podemos responder, con la diferencia que no lo hacemos.

José es una persona que sin hablar dice mucho, que llena espacios sin notarse y ante sus crisis las pone siempre delante del Señor, quien le aconseja en oración la mejor opción. Por ello es importante de igual manera hacernos notar, pero no ante el mundo, sino ante el Señor nuestro Dios para conocer más a profundidad su plan sobre nosotros y ejecutarlo como tal, de igual manera que José, porque lo hizo, y lo hizo bien.

“El mejor testimonio”

“El mejor testimonio”

Juan: 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido.

Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.

El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado.

Ustedes estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían.

¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?”.

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Actualmente los testimonios no son muy tomados en cuenta, ya que la moda son tan sólo las buenas intenciones y las acreditaciones de la persona por la opinión y por los puntos acumulados de los demás, de tal manera que el propio ejemplo ya no importa, sin lo que digan los otros según les amanezca la luna.

Los mismos programas en los medios de comunicación nos hablan de ese esquema, donde el valor, el talento y la belleza de una persona no vale por si misma, sino por la que saque más dinero dentro de una votación populachera y pagada, en donde se le da todo el crédito al común de las masas ya manipuladas tendenciosamente. 

Con esos criterios ya sembrados en las personas que, sin valores firmes oscilan entre el azul celeste y el rosa pastel, sin la mayor complicación ni cuestionamiento razonable, es muy evidente que cuando decidan, por lo general ante una necesidad, busquen a Dios en la secta que mejor les acomode y les suplan su atención personal.

Los testimonios reales dan miedo porque ante tanta fragilidad mental resultan violentos e incomprensibles en voluntades pequeñas. Es necesario fortalecernos, crecer, enfrentar los testimonios como el de Cristo, y hacerlos nuestros para que hablen aún más fuerte que nuestra propia voz sin gritar, porque se notarán solos y sin necesidad de publicidad, ya que las obras se sostienen a sí mismas por sí solas, pero aunadas a las palabras de verdad, forman el complemento perfecto para manifestar quién se es en realidad.

“Qué más pruebas queremos”

“Qué más pruebas queremos”

Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús, para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: —¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

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De suyo ya es una desgracia cuando de antemano para poder creer necesitamos signos y pruebas que en realidad salen sobrando, ya que Dios no necesita probar nada, además de que los signos que solicitados son tan claros y evidentes por doquier que resulta absurdo pedirlos.

Digo absurdo porque en realidad en esa petición se asoman nuestros miedos e inseguridades que no soltamos si es que no nos prendemos de otras, que más que convencernos en realidad nos encandilan, predisponiendo tu confianza en quien te pueda manipular y depender de ellos, sea quien sea, empezando por la astrología hasta los dioses que se acomodan a tu gusto y necesidad, así que como dice el dicho, “enseñamos el cobre”.

Basta con presentarte de manera amigable y no exigente las seguridades que brinda Dios, para que sueltes las que estas acostumbrado, sin dejarlas, tan sólo usarlas a su debido tiempo y lugar, pero agarrado de la principal, la total confianza en Dios, que ilumina todas las demás y las plenifica.

Por ello ante necedades y exigencias de fe, cuando éstas no soltarán a la persona, es mejor dejarlas así, porque de primero de antemano la libertad y la voluntad. Pero con esas esclavitudes es imposible ver los múltiples signos que Dios brinda a cada momento, desde el amanecer hasta el final del día.

Mayores pruebas no necesitamos.

“Jamás en soledad”

“Jamás en soledad”

Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: —¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: —No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

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Comúnmente creemos que tenemos de manera muy cercana a ciertas personas, entre ellas no se diga la familia, los amigos, los vecinos y hasta los desconocidos, mas habría que distinguir entre proximidad y cercanía, ya que solemos confundir una con la otra.

De hecho, el común denominador podría afirmar sin lugar a dudas, es la proximidad, es decir, estamos rodeados de un mundo de gente con o sin contacto directo, háblese escuela, trabajo, incluso la propia familia, pero eso no es garantía de en realidad tener compañía cercana caminando al unísono en el pensar y el actuar.

La mayoría de las veces aún rodeados de gente conocida, nos sentimos solos, por el simple hecho de que no hay una conexión de conformidad con los otros. Se ha estado gradualmente perdiendo el sentido común y el compromiso con el otro sea quien sea. Tan sólo el hecho mismo de voltear a ver la mirada a otra persona, sobre todo los más jóvenes se sienten atacados y los mayores inseguros.

Pérdida por la desconexión humana y la conexión tecnológica. Pero independientemente de ello, vemos que esa barrera es totalmente superable, porque día a día tenemos la oportunidad de acercarnos y entablar una buena y afable relación con los demás, sólo falta la valentía para hacerlo.

Jesús demuestra que vivió mucho tiempo próximo a los suyos, pero en realidad alejado  de ellos, no por sí, sino por los demás, porque su gente es quien lo desconoce, los que no aceptan su misión, los que desean no sea más que el común de ellos, desconectados de su ser y su realidad, cosa más acentuada en nuestros días.

Sin embargo jamás estuvo en soledad, ya que el mismo evangelio remarca que valientemente volvió a su tierra, pero no solo, sino acompañado de aquellos con los que realmente están con Él y no me refiero a los que le dan por su lado, sino los que están en cuerpo y espíritu unidos a un mismo caminar.

A veces eso falta, unirnos a los demás en todos los niveles para no estar solos aún entre miles de otras personas.

“Se le quitará hasta lo que tiene”

“Se le quitará hasta lo que tiene”

Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: —¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír que oiga.

Les dijo también: —Atención a lo que estáis oyendo: La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

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Todo en la creación tiene un fin, y fue creado para un fin concreto, es aquello que le da su razón de ser, a tal grado que cuando se emplea para tal, a lo que fue llamado cumple su vocación plenamente.

En ésta enseñanza evangélica de Jesús, no está hablando de posesiones o bienes materiales, que en nuestro esquema de pensamiento sería lo primero que entenderíamos, lo juzgaríamos de injusto y monopolizador y selectivo al preferir a los que tienen más.

En realidad está hablando de vocaciones, de el fin para el que fue creado cada ser tanto animado como inanimado. Si tomamos como ejemplo la misma sal, si no cumple su fin, si no da sabor, entonces no sirve y esa cualidad se la participara a otro elemento que si lo cumpla y de dicha propiedad. Lo mismo con un perro, si no ladra, si no cuida, si no se comporta como tal, estará negando su propio ser, entonces se busca otro que sí lo cumpla como tal.

Al igual se aplica con nosotros, hemos sido creados en responsabilidad con el resto de la creación, para preservar, cuidar, amar, crecer, desarrollar, y ser partícipes además como depositarios de los dones divinos que complementan nuestra vida, pero si no damos la medida que sí podemos dar, entonces ahí aquello a lo que fuiste llamado, se lo participará a quien sí responda para completar el plan de la redención divino junto con nosotros.

A aquellos que no desean hacerse capaces en confianza de realizar la encomienda en el plan de Dios, entonces simplemente los descartará en medio de Su dolor, porque ellos no aceptaron ser dignos del llamado en el que pudieron santificarse dando lo que ya habían recibido.

A ellos sí se les quitará hasta lo que tienen, porque la gracia de Dios no puede ser desechada, sino aprovechada en los que realmente desean hacerla también suya y dar frutos de santidad.

“Es señor también del sábado”

“Es señor también del sábado”

Marcos 2, 23-28

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.

Los fariseos le dijeron: —Oye, ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?

El les respondió: —¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.

Y añadió: —El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

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Es tanta y tan eficiente la libertad que Dios nos otorga, a tal grado de pensar que el mundo depende de nosotros, como si la realidad fuera como nosotros la deseamos ver e interpretar. Sí, es tan grande dicha libertad que hasta independientes nos sentimos de todo, incluso hasta de Dios, pero es un sentir que lo vivimos como real, porque al final somos dependientes, incluso del aire.

Es por eso que con esa misma libertad, libremente creamos nuestras propias cadenas y nos amarramos con ellas, creamos nuestras propias leyes y las ceñimos a los demás, formamos nuestros propios criterios y los aplicamos a nuestra propia familia y amistades. Lo peor del caso es que nos la creemos tajantemente coartando nuestra propia libertad y lo mismo no se diga en el plano del pecado, que nos sentimos con la libertad y el derecho de pecar, pero del cual dependemos a veces como un vicio cíclico del cual no podemos salir.

Aquí es donde Jesús viendo hasta dónde hemos llegado, inventando e implementando leyes positivas, en éste caso la ley de Moisés, que difiere de la Ley de Dios, porque le es un anexo muy re-elaborado y extendido de los diez mandamientos; por lo que viendo las consecuencias tan radicales que expone a la misma humanidad, de eso también pretende librarnos.

Es por ello que remarca sobre esa ley, aunque hecha con una intención inicial muy buena, raya en la exigencia humana olvidada de la caridad que es el fundamento principal de la Ley y, viendo eso Jesús remarca a todo derecho que él no se ciñe a dichos mandatos humanos, cuando vive plenamente una ley más legítima la cual pretende restaurar, porque si esos mandatos soy de intervención humana, él exige los de intervención divina, por ello confirma que ante la ley del sábado, el es Señor también de ella y sobre ella.

Tan fácil que es vivir los preceptos divinos, de los cuales derivan el resto de los positivos humanos, pero si no conocemos la base y el fundamento, jamás podremos entender ni vivir el resto sabiendo de dónde vienen ni a donde van. Y no olvides que antes de las leyes humanas, cualesquiera que sean, la base deben ser las del Señor, si no, todo se desvirtúa y manipula, cuando no se corrompa ya.

“Es el Señor”

“Es el Señor”

Juan: 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Cana de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastro hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. 

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Cuando los discípulos obedecieron la orden que les había dado de que se fueran a Galilea después de la crucifixión, es para que no solamente se retiraran de ese ambiente politizado, sino para que estuvieran tranquilos en su entorno, con la familiaridad del los lugares natos en los que se desarrollaron, para que una vez recuperada la paz y las habituales ocupaciones, tengan la sobriedad para poder con un corazón más apacible identificarlo y asimilar la etapa de crisis de la Pasión y muerte.

Tercera es la ocasión en que Jesús se hace presente entre ellos y ya no les causa tanta admiración, ya lo van identificando sin tanto estupor, empiezan a convivir con Él percibiéndolo vivo.

Situación que los hace afianzar su confianza además de impregnar sus palabras en la misión que procede.

Es por ello que Jesús los quiere reforzar para que puedan manejar las crisis y ya no les peguen en medio de sus propias debilidades, para poder decir en cualquiera circunstancia “Es el Señor” que está presente y poder identificarlo.

“La verdad no es opcional”

“La verdad no es opcional”

Juan: 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido.

Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.

El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado.

Ustedes estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían. ¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?”

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En un mundo que prevalece la mentira y el acto de mentir como una ordinariedad ya asumida en la vida, donde los medios se dedican a predicar inconsistencias, tendencias, falsos, escándalos como una manera de atraer la atención morbosamente, resulta cada vez más difícil saber distinguir la verdad de la mentira.

Sobre todo las generaciones más nuevas, que en la precaria educación con modelos no basados en la razón y la autocrítica, sino en teorías oficiales no comprobadas, hace que todo cuanto yace escrito sea tomado en serio como verdad absoluta.

De esta manera la verdad se convierte en una opción, porque el engaño es común además que la realidad no se presenta como viable cuando lo virtual resulta confortante aunque no se crezca ni se produzca nada-

Pero hemos descartado la opción a conocer la verdad, ya que no es una opción, sino un deber que va acorde a nuestra realidad, al complementar la vida y su realización plena. Por ello tanto sufrimiento en querer emparejar lo irreal y mentiroso con nuestra evidente realidad, no cuadra.

Más aún las verdades de fe, que no tienen por que equipararse a las científicas ya que son de otra índole que van hacia todo lo espiritual, que se niega, sobre todo cuando no se conoce.

La verdad misma es quien presenta a Jesús, porque Él es la verdad en sí mismo, por lo que negarlo junto con su palabra y obras, de suyo es ya afirmar la mentira, que es propia del maligno y su especialidad. Jesús no juzga, sino que la verdad misma habla ante la inconsistencia de la mentira que se condena a sí misma.

Por ello, la verdad en todos sus niveles, científico, filosófico, teórico y teológico no es una opción, sino una necesidad que complementa el ser de cada una de ellas.