“Trabajando hasta tarde y nada”

“Trabajando hasta tarde y nada”

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Rema mar adentro y echad las redes para pescar.

Simón contestó: —Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: —No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

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Es muy duro pensar cuánto nos hemos esforzado para que las cosas salgan bien, para que nos vaya mejor, para que sanen nuestros seres queridos enfermos, sin embargo cuando llegamos a la fatiga, solemos bajar la defensa y manifestar el cansancio a más no poder, sobre todo por nuestras debilidades y aquello que en su momento toleramos, pero que ya no.

Ciertamente la tendencia en medio de la vulnerabilidad es a dejarlo todo y librarnos de los pesos que acarrean nuestras propias responsabilidades, en su momento sería una salida rápida, pero falsa. Digo falsa porque no estamos realmente atendiendo el problema y, en su momento suele manifestarse aún mayor e insoluto, claro, son su respectivo volver a empezar y restaurar nuevamente el daño desatendido.

Ésta tendencia es muy normal, pero Jesús nos invita a desviarnos a una solución más eficaz, y esa es, que aunque estemos trabajando en conjunto con otros en la misma situación, hay que dejarse ayudar y tomar los consejos de aquellos que están fuera de tu dolor y tu contexto, aquellos que lo ven de una manera alternativa y no necesariamente remarcando el dolor, sino dando una propuesta mayor que traerá mejores resultados.

Pretextos para justificarnos los vamos a tener siempre por el cansancio, sin embargo claramente en el evangelio ante la sugerencia de Jesús, y su negativa de hacerlo, optan por hacerlo en “su nombre, confiados en su palabra”, con resultados superiores y no esperados.

Por ello, aunque estés cansado y no hayas dejado de trabajar tus situaciones a veces nos falta una segunda opinión, la de alguien que tenga mejor óptica, y qué mejor la del Señor Jesús, para acercarnos a Él y hacerlo en su nombre.

“No basta el mínimo”

“No basta el mínimo”

Mateo: 13, 18-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.

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Es una realidad y una satisfacción reconocer que no todos tenemos las mismas capacidades y que es imposible igualarlas a las del otro, en razón de que eso es lo que nos identifica y nos hace brillar a cada quien de manera única y personal, sin la necesidad de sobrevalorar el bien y los dones del otro en detrimento de los propios.

Una vez convencidos de qué no podemos ni valemos, ya sea por nuestra auto derrota o el ataque de los que se quieren sentir superiores, entonces dejamos de hacer el bien que debemos y que en realidad podemos.

Y para que la conciencia no duela, nos auto convencemos que con dar el mínimo ya basta, ya hasta lo publicamos y gritamos a los cuatro vientos, tanto dentro de la iglesia, en la que abundan queriendo dar buena imagen, con una vida doble, y tanto fuera de ella en situación peor sin la conciencia de Dios.

Lo malo es que cuando reconocemos que somos para dar el treinta, regateamos a dar el cinco, y los del cien, el quince y no. El de treinta que dé el treinta y eso basta, al igual que el de cincuenta y el de cien.

No basta el mínimo, y si el mínimo es treinta, se convierte en tu cien, pero hay que darlo.

“La riqueza del Reino”

“La riqueza del Reino”

Mateo: 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: `¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

Luego les propuso esta otra parábola: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”.

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Hoy se nos presentan varios relatos en relación a dar a conocer el Reino de los Cielos, teniendo una muy clara y diversa explicación; la razón de estas explicaciones se dan en base de que el contexto y la cultura en la que vivió Jesús, no es la de occidente, donde nuestro esquema de pensamiento es distinto, su cultura es con el esquema de oriente, en el que la manera de dar a conocer algo es muy distinta a la nuestra.

En occidente solemos dar una definición corta y sencilla sobre cualquier concepto para definirlo y con eso nos basta; por el contrario en oriente, las explicaciones no se basan en una definición, sino que se explica con el mayor número de relatos para que se entienda el concepto en toda su riqueza sin dejar lugar a dudas.

La razón por la que el mismo Dios eligió a una cultura de oriente para darse a conocer, precisamente por la riqueza de su pensamiento y expresividad, ya que en la nuestra, quedaría corta una definición de quién es Él.

Es por ello, que el Reino se nos explica con varios ejemplos, para que no se pierda ningún detalle, por lo que de entrada, no pretendamos interpretarlo a nuestra manera, ya que pensamos distinto, sino que debemos conocer dicho esquema para asimilarlo, conociendo cada vez más a Dios y sus planes, con un conocimiento basto que sacia el corazón y el alma. He ahí la riqueza del Reino y del mismo plan de Dios que nos invita a vivirlo y a hacerlo presente más que nunca, iniciando desde nuestras propias vidas y no desde un sistema ideológico estructural conceptual.

“¿Qué hay que hacer?”

“¿Qué hay que hacer?”

Juan 6, 22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio, donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: –«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó: –«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: –«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: –«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

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El permitirnos dejar guiarnos por algo o alguien, se refiere a una confianza depositada totalmente ante aquello que decidimos seguir. Nuestra voluntad desaparece para asirnos a la del guía, y muchas de las veces habrá que analizar realmente en quién está depositada.

Es un hecho que en los momentos más cansados de alguna situación adversa, se busca un descanso y una palabra de aliento, pero curiosamente parece que dejamos de pensar de manera autónoma para exigir soluciones prefabricadas y hasta casi mágicas como si fuera una fórmula y así no procede la sabiduría de Dios.

Es muy claro el conjunto de signos y parábolas de Jesús, donde claramente marcan un libre camino de obras y actitudes que hablan del seguimiento del Señor, pero como que se nos dificulta asimilarlos y, aunque sean evidentes, preguntamos a manera de justificación ¿qué obras tenemos que hacer…? Necesitamos que nos digan exactamente con peras y manzanas para entender, y qué pena que sea así, porque implica una voluntad perezosa que en vez de ser responsable de sus actos, pretende seguir lo que le digan otros, estratégicamente para al no cumplirlos, echar culpas. 

Se acaban las iniciativas y vienen los tiempos de la espera del mandato para poder hacer algo, cuando el camino es claro.  Pues para empezar, hay que creer en Jesús y pedir sus dones para ser libres y no depender ni del qué dirán, ni del qué tengo que hacer, sino hacerlo y ya. Porque capacidad tenemos para ello y más, falta que la utilicemos com tal.

“Impuestos a morir”

“Impuestos a morir”

Juan: 8, 51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”. Los judíos le dijeron: “Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”

Contestó Jesús: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello”.

Los judíos le replicaron: “No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Les respondió Jesús: “Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”. Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

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Cambiar todo un esquema de pensamiento, encarnado en una completa cultura centenaria, no es nada fácil, se necesita un paradigma, aquel que mueva todas las bases de las formas de vivir y del pensamiento, cosa que Jesús está realizando para hacer que la verdad llegue a su plenitud y no quede en medios malos entendidos.

Sin conocer aquel quién es la vida en sí mismo, sin tomarla en cuenta aún cuando se hacer referencia a ella desde milenios como promesa hecha por Dios de restauración y vida eterna, lo único que realmente se conoce y acentúa por el hecho de experimentarla en caso ajeno y posteriormente en persona, es la muerte. 

Es por ello que se acentúa como una realidad, ciertamente real e impresa en nuestra propia biología, pero olvidada en el plano de lo espiritual. 

Jesús ratifica que precisamente Dios no es un dios de muertos, sino de vivos, que permanecen con el creador, ya que el alma no está destinada a morir, sino a vivir eternamente. Jesús hace presente su eternidad dando testimonio de aquellos que se nos han adelantado a través de la historia y que le han conocido como Dios eterno pero ahora encarnado.

Viene a devolver la confianza en la vida, para que la muerte física quede en lo que es, un proceso, una etapa y una transición. Aquello que hará con su propia muerte y resurrección, pagando el precio con la pasión dolorosa.

Es por ello que si estamos impuestos a esperar la muerte, giremos la mirada hacia Cristo que nos ha devuelto la vida eterna con su resurrección.

“Fiat”

“Fiat”

Lucas 1, 26-38 

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: —«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: —«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: —«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: —«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel. 

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Es preciso remarcar que el inicio del cumplimiento de las promesas mesiánicas dependen de la aceptación de un “fiat” es decir, un “hágase” en latín, palabra que complementa una petición de permiso y aceptación, que se da tan plenamente en el momento de la Anunciación, donde el Angel Gabriel pide el consentimiento de María Virgen para aceptar ser partícipe y colaboradora del plan de la redención, al permitir dejar que Dios se revista de nuestra humana materialidad y nuestra carne en Jesús.

Momento único que cambió la completa historia conocida hasta el momento, aquella que estaba dominada por las consecuencias del pecado original, donde se inicia un proceso  de salvación en el tiempo, dándonos una solución llevadera a nuestro propio ritmo de vida.

Hay que considerar que ese fíat fue preparado y argumentado a su tiempo. Actualmente en la tradición bíblica, San Lucas nos narra de una manera sintética dicho encuentro entre el Arcángel Gabriel y María, me atrevo a considerar que las palabras dadas textualmente ante la incógnita de María son un resumen de la explicación sobre el proceso que acontecerá si es que accede dar un Sí, ya que María consciente de a lo que se le está invitando con toda la calma del mundo pregunta para entender a detalle en lo que se está comprometiendo y arriesgando por lo que el diálogo original ha de haber sido más profundo y extenso.

Una vez aclarado y entendido el asunto da un Sí, un Fiat, un hágase, con pleno conocimiento de causa, afirmación cooperativa que incluye en su persona a la humanidad entera sin excluir a nadie, donde se da de igual manera la salvación de manera encarnada y real a nuestro ritmo de vida. Por ello hay que estar agradecidos por ese hágase que nos devolvió la gracia aquella que por Eva se había perdido.

“Corresponsabilidad”

“Corresponsabilidad” 

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación 

“Para quién trabajamos”

“Para quién trabajamos”

Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: Maestro dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. El le contestó: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros ? Y dijo a la gente: Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola: Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mi mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? » Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios. 

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Dentro de la historia nos hemos encontrado con bastantes vertientes acerca de la intención del trabajo, donde por la general y de base lo entendemos como un recurso de supervivencia.

La realidad es que aunque no se trabaje, la calidad de vida disminuye; más la vida sigue adelante, y los proyectos abiertos para elegir por donde desarrollarnos, aunque a veces la tristeza hace ver la falta laboral como un problema radical que cierra las posibilidades, en donde no debemos dejarnos caer por el desánimo, puesto que una puerta cerrada, da pie a tocar y abrir una nueva mientras la vida siga.

Solemos buscar el trabajo para la familia, para sacarla adelante, aunque en nuestros días se trabaja en gran parte además para uno mismo, que en su momento llega a insatisfacciones porque cada vez requerimos mas al caer en un esquema solitario y consumista.

La pregunta base debería de ser ¿Para quién trabajo?, ya que podemos desgastar toda una vida en acumular y hasta depender del trabajo adictamente en una nueva forma de auto esclavitud, que a lo mejor se vela la conciencia con la premisa de considerarnos gente trabajadora, pero aunque disfrutes de los beneficios obtenidos, al final para quién quedará todo eso que acumulamos.

A lo mejor estamos acumulado para quien realmente se lo merece o para quien no, porque no olvides que mientras más bienes dejes, más pleitos dejas en tu familia ya que las siguientes generaciones no tienen los mismos valores que tu.

Lo más sano es aprovechar lo que tienes y no depender de ello, porque los muchos bienes quitan la paz por cuidarlos y conservarlos, lo más sano es vivir el hoy con lo que poseas y lo que no, ya que es lo mas real que poseemos y si el Señor nos presta mayor vida, será una bendición.

“Administrar tesoros nuevos”

“Administrar tesoros nuevos”

Mateo: 25, 14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado’.

Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’.

El señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’ “.

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No es novedad que aprendamos a través del tiempo a ir conociendo en mayor intensidad el valor de las cosas, las relaciones y las personas, es parte del proceso cognitivo que se va ampliando y despertando.

Pero no basta tan sólo el conocimiento experimental, aquel que entra por medio de los sentidos y es comprobable a ciencia cierta, es necesaria la misma sabiduría que Dios nos comparte a través de su Santo Espíritu que expande y asimila cada situación para aprovecharla al máximo, así como tomar las mejores y provechosas desiciones.

Cuando nos quedamos tan sólo con el puro conocimiento aprendido, al pasar del tiempo solemos quedar obsoletos y caducos, ya que la vida es tan dinámica que todo cambia muy rápido en donde debemos actualizar y renovar tanto las relaciones como los conocimientos.

Es muy importante saber valorar y administrar los nuevos tesoros, creemos que lo que aprendimos en nuestra época de oro de desarrollo, es lo más importante y que lo nuevo no sirve, pero cuando solicitamos la sabiduría en oración y le permitimos su acción en nuestro pensar así como en la decisiones, entonces sabremos reconciliar el tesoro del pasado, reinventándolo con el tesoro nuevo que trae la cultura emergente.

Lo negativo tanto del pasado como del presente, siempre hay que evitarlo y rechazarlo, pero lo bueno hay que renovarlo y hacerlo actual tanto ayer, como hoy y siempre sin quedar petrificados en pasados ya inertes y caducos, hay que renovarnos.

“Parece injusto…”

“Parece injusto…”

Mateo: 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.
Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: `¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: `Vayan también ustedes a mi viña’.
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.
Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’ De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

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Resulta muy importante hoy en día la experiencia que cada persona tenga en su propio campo laboral porque todo cotiza, se mide en tiempos y dineros, de tal manera que el cumulo de horas hablan de la dedicación de una persona, aunque en realidad no de su calidad, que si permanece en el tiempo, algo dice de la misma.

En cierta manera deseamos que la recompensa por el cumulo de trabajo en lo espiritual, pareciese que redunde de igual manera en una mejor posición en el cielo, más sin embargo es muy claro el Señor cuando afirma en varias ocasiones que no es la misma manera ni de pensar, ni de vivir en la gloria eterna, su esquema no es como el de los hombres, además de que en realidad se está prometiendo la vida eterna.

El evangelio resalta que para muchos acostumbrados al esquema de este mundo pretenden exigir mayor paga que los que trabajan poco, y ciertamente parece injusto, ya que si todos son merecedores del premio eterno, lo es también en cuestión de dones otorgados porque Dios mismo sabe cuanto le puede pedir a unos y a otros, por lo que es un honor trabajar desde temprano a su lado, sabiendo que se respondió a tiempo.

Si ponemos nuestros esquemas llenos de avaricia mezclada con la soberbia y el orgullo, resulta un cumulo de experiencias para presumir en este mundo, más no para el otro, ya que la caridad, la sencillez y el haber trabajado sin esperar nada a cambio otorga más que lo cotizado en lo financiero.