“No conveniencia, aunque conviene”

Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

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Una de las actitudes que el cristianismo promueve ante todo, es la autenticidad basada en la caridad, la cual debe de estar sustentada en un amor genuino y verdadero a Nuestro Señor Jesucristo, no como un ente superior y lejano, sino como aquél amigo que siempre está esperándonos y dándonos su mano en todo momento.

Pero da la casualidad de que a Jesús lo reconocemos por lo general con un amor auténtico mientras pasa la infancia, porque posteriormente en las siguientes etapas de la vida parece no tan grato amarle y seguirle, pero da la casualidad que al llegar la edad adulta o vejez, místicamente surge nuevamente el amor a Dios.

Mira, qué casualidad, tan sólo cuando eres vulnerable y te ves frágil convenientemente recurrimos a Dios para sanar nuestras necesidades y solventar las penas, pero cuando estamos sanos y llenos de vida, pensamos que las podemos solos. Ahh pero que no te suceda algo negativo porque entonces convenientemente lo vuelves a buscar, tan sólo en las crisis y la necesidad.

Sin embargo vemos que nosotros a Jesús no le convenimos ya que ningún provecho saca de nosotros, no le somos útiles, pero por el contrario aún así no deja de amarnos, ni nos busca tan sólo cuando tiene necesidad, su amor es pleno y constante. Los inestables somos nosotros que no sabemos valorarlo, sino cuando nos es necesario y a veces por orgullo ni eso.

Pues ya es una ventaja que de conveniencia lo busques, pero recuerda que en la medida que lo niegues con la vida, al no tomarlo en cuenta incluso en tus alegrías y fortalezas, estarás dando a conocer cómo deseas que la relación de Dios se de contigo. Abre tu corazón y tu mente que no cuesta nada y el beneficio es mayor, porque de la conveniencia se pasa a la necesidad de amarlo en toda circunstancia y en todo tiempo.

“Información falsa”

Información falsa”

Lucas: 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

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Dentro de un mundo que se dedica a compartir información desde todos los tiempos, donde la situación se agudiza al tener los medios de difusión inmediata, nos encontramos con el problema de la veracidad. Estamos sobre saturados de información, por lo que resulta un tanto difícil autentificar tanto la fuente como el transmisor. 

Problema nada nuevo, porque en el mismo evangelio nos encontramos que al mismo rey le llegaba la información parcial, algo le comunicaban, pero si el medio era ineficaz y no confiable, donde impregna los datos con su propia opinión, el resultante obtenido es una mentira o un verdad incompleta.

Lo mismo nos puede acontecer, puesto que nuestro deber es, antes de emitir cualquier juicio es documentarnos, para así identificar si lo que conocemos acerca de una persona o situación es lo correcto, o si de por medio hay alguna mala interpretación.

Por ello la curiosidad no está de más, ya que incita a la búsqueda y profundización de una verdad. Hay que tener cuidado con nuestros informantes, saber si son confiables o si son simples repetidores de palabras indiscriminadas, además de conocer los hechos y las personas involucradas para completar el poder dar fe a la información recibida.

En medio de tanta manipulación y manejo de información deteriorada y falsa, debemos cuidar la verdad que al final es la que nos hace crecer y conocer la realidad tal cual es para no inventar, ni divulgar información falsa.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.

“Salían de sus labios”

“Salían de sus labios”

Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: —Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: —¿No es éste el hijo de José?

Y Jesús les dijo: —Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.

Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

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Hay que saber distinguir entre una boca y otra lo que dice, y aunque es muy desagradable escuchar a gente mal hablada, para ellos parece lo más normal de el mundo y hasta piensan que agradan muy bien a los demás, ciertamente no deja de ser un espectáculo, aunque claramente hay que distinguir a aquellos que maldicen con toda la intención del mundo de ofender a Dios y a los hijos de Dios, para hacerlos sentir mal y provocarlos, a simplemente decir malditurías con un léxico que revela que la persona en sí es muy mal educada. 

Nada que ver con Jesús, quien invita a no decir esas malas palabras porque en sí ya llevan de suyo la marca del maligno, y aunque parezcan graciosas nunca dejan de importar a quien las escucha; no lo hace no porque no pueda, ni porque quisiera parecer en onda, no lo hace por tan sólo saber que está respetando a una persona que es imagen de Dios, con una dignidad elevada a la de Cristo que se dignó hacerse hombre como nosotros, dignificando nuestra humanidad, aquella que está precisamente restaurando, por ello no las usa porque sabe a dónde van y cuál intención de ofender es su origen.

Sin embargo Jesús al hablar no tan sólo educadamente, sino con toda veracidad e integridad moral que respalda sus palabras, desconcierta a aquellos no suelen usar sus palabras para decir plenamente la verdad. Claro que saca de onda oír a alguien que no está metido en el mundo con su hablar corriente y de moda, sino que te habla con toda propiedad la verdad absoluta en sí misma. 

Esas son las palabras que salían de su boca y que incomodaron a muchos porque la verdad les ofendía, como hoy lo sigue haciendo ante muchos, a aquellos que les duele la verdad porque no son capaces de enfrentarla pero sí de evitarla. 

Esa es la boca que nos invita a imitar, no solamente la educada, sino la que dice la verdad plena, la que profetiza, es decir la que anuncia en su momento y denuncia a su vez lo que no es verdad. Esa es la boca que debemos imitar para semejarnos los cristianos cada vez más a Cristo.

“Delegación acompañada”

“Delegación acompañada”

Mateo: 16, 13-20

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

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Vivimos en un mundo de humanos, que destituye a los humanos, que promueve en base a derechos la participación en actividades que lo denigran y llevan al pecado de manera oficial para contradictoriamente remarcar el dolor generado y escandalizarse del mismo. Hace nuestra cultura que dejemos de confiar en la humanidad para idealizar instituciones y falsas seguridades.

Quitando la confianza en el hombre, le quita su autoridad, entonces quedamos al amparo directo de Dios, pero nos presentan un dios que no sabe salvar sin antes ser manipulados, por ende, terminamos confiando de manera rebelde en todo lo contrario a lo que se refiera a Dios, ya que el dolor se asienta como lo ordinario y un poco más no importa.

Dejamos de confiar en aquellos que precisamente por medio de su intercesión, delegados para ello, los ha llamado y preparado para que guíen en la verdad, dando a conocer la misma voluntad de Dios para toda la humanidad.

Es el caso de Pedro, no es elegido por su poder, sino porque precisamente sabe combinar su experiencia, su inteligencia, su entrega y su amor, con la gracia de Dios que complementa.

Podríamos decir que nadie es digno, de lo que Dios nos comparte por esa mala influencia que nos han sembrado sobre no confiar en los demás, pero Dios nos invita, participa y  hace dignos por su misericordia a ser instrumentos de su gracia.

Dios lo puede, falta que lo creamos, ya que Dios se vale de incluso las personas más indeseables para hacerte crecer y estar preparado para su gracia. Dios delega, pero no deja solo, delega y acompaña, ya que la persona hace el mínimo y Dios el resto.

“Las Triangulaciones del mal”

“Las Triangulaciones del mal”

Mateo (14, 1-12)

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”. 

Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta. Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera.

Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

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De alguna manera alguien interfiere distantemente en nuestras vidas, así como las que cercanamente y directa lo hacen, quieras que no el rango de influencia de un acto ya sea bueno o negativo, siempre afecta gradualmente tanto a los cercanos como indirectamente a los más distantes.

A veces pensamos inconsecuentemente, como si nuestra vida tal como se vive no afectara a nadie, hasta se ha hecho de uso común la inmadura frase, “a ti que  te importa, es mi vida”, la misma revela que no se tiene un campo de visión y comprensión muy amplio que digamos, porque solamente veo mis propios y carentes límites, pero más allá, parece imposible.

Curiosamente los que en su momento se dan cuenta de la consecuencia de tus propios actos, siempre serán aquellos afectados primariamente, se nos olvida que no estamos solos, que somos una célula en conexión con el resto de las vidas que nos circundan, y que siempre habrá una dimensión de afectación social, directa e indirecta.

Cuando una persona se ensimisma, es decir, vive solamente para sí, puede rayar en el síndrome narcisista, como una patología adquirida lentamente. Esas personas solamente les importan sus proyectos personales y si alguien se les atraviesa, aún accidentalmente, modificando en algo indirectamente sus planes, suelen destrozar sin misericordia al otro, porque no valen para ellos, su valor está puesto solamente en sí mismos, sólo buscan su propio fin, sin justificar los medios.

Eso aconteció con Juan, a más de dos o tres les dolió la verdad, por eso buscan indirectamente hacerle un mal, asesinarlo. Las circunstancias fueron perfectas para ese malvado plan cuando  Herodías utilizó a su propia hija como instrumento de muerte, por medio de la cual, indirectamente lo asesinó; ella no lo decapitó, pero así sale limpia ante los demás, sin embargo su propia hija la delata entregándole la cabeza de Juan.

Ya lo dice un dicho sabio, “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”, el pecado es social, no importa cuan triangulado esté, la responsabilidad es igual para todos, a veces lo más manejable es echar culpas concretas ante las negativas de nuestra propia irresponsabilidad, por ello tanto reclamo a Dios, pero no hacemos nada.

Nunca un mal justificará un bien ilícito.

“Cercanos para comprender”

“Cercanos para comprender”

Marcos: 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.

Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.

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Los preceptos divinos, suelen ser muy claros, sencillos y de fácil asimilación, presuponiendo que se está en el contexto de la cercanía con el Señor. Pero aún estando cerca de Él, si no se mantiene vivo el depósito de la fe en la verdad, puede irse desvirtuando con el tiempo aún interpretado por los mismo líderes religiosos.

Es un compromiso y una tarea mantener integro dicho depósito de la fe, ya sea en el cuidado de las Sagradas escrituras, para que no se le cambie el sentido y la interpretación autentica y original, así como las sanas y vivas tradiciones que nos van llegando de generación en generación.

Por un lado, aunque la religión mantenga la autenticidad en la doctrina, la misma gente va haciendo sus versiones populares sin fundamento y se sostienen entre aquellos que no profundizan en el conocimiento de Dios y su Palabra, quedándose cómodamente en el concepto populachero, afirmándolo como si fuera el original.

Por ello Jesús quien conoce la verdad en sí misma, da a conocer que esos conceptos reinterpretados son erróneos, y a veces hace falta acercarse a la verdad y a Dios, autor de la misma para entenderlo en toda su plenitud por obra de su Santo Espíritu.

Pero si no somos capaces de acercarnos y disponer nuestra alma a que Dios nos otorgue su ciencia y sabiduría, mucho menos entenderemos a ciencia cierta sus preceptos, en medio de un maravilloso plan concebido en su amor, y por ende mucho menos se asimilará el concepto popular que está digerido sin razón y basado en sentimentalismos.

“Manejos a conveniencia”

“Manejos a conveniencia”

Marcos: 12, 13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa.

Se acercaron, pues, a Él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”

Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y Él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús:

“Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.

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No sabemos cual será la intención de personas que nos tratan de manera no tan ordinaria, es decir, aquellas que denotan que buscan algo a su favor, aquellas que van desde darnos un simple saludo en publico para que alguien note el trato personal, hasta quien adula para caer bien y usar la empatía para su propio beneficio.

Un mundo donde las hipocresías están flor de piel, donde hay que tener la suficiente paz  y agudeza para discernir si el trato es bueno y sincero, o todo lo contrario.

Usar a un hermano, amigo, pariente o simple conocido, es siempre doloroso ya que el hacer el bien sin mirar a quién, se pone el tela de juicio, porque hacer el bien, resulta en perjuicio para la persona que da de sí misma y sale perjudicada o dañada sin ganas de volver a hacer el bien ni confiar en los demás.

La verdad es siempre el mejor aliado, y es donde nos debemos de mover para ver claro, sobre todo esos manejos a conveniencia, como el que le quisieron hacer a Jesús, donde pensaron manipular la verdad, con quien es la verdad.

Es por ello siempre mucho mejor dejar la mentira, descubrirla e implantar la verdad, le duela a quien le duela, sobre todo cuando es preferible incomodar, a permitirles hacernos daño, ya que primero estás tú, antes de quien te desea un mal.

“El miedo de la verdad”

“El miedo de la verdad”

Juan: 10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón.

Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y Él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

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La verdad en sí misma, conlleva una serie de valores y satisfactores que sacian nuestra propia inteligencia, aquella que queda clara cuando se adecua la realidad con la verdad, formando un todo comprensible.

¿Pero qué pasa cuando empezamos a dar cabida a la mentira?, la confianza se deposita en ideales no reales que convertimos en esperanzas que por cierto nunca llegan porque son inexistentes. 

Entonces la verdad da miedo, no porque sea violenta, de hecho vivir en la verdad es lo más sano, pero a quienes viven en sus propias mentiras ideales, institucionales o personales, buscan a toda costa que las secunden y que todo el tiempo les den la razón para no perder la estabilidad y ponerse mal.

Pero qué flojera es tener que andar tratando a personas que las puedes herir con lo evidente, eso ya no está bien, porque tienes que hacerte parte de sus errores para poder congeniar.

A Jesús no le cuesta trabajo la verdad, de hecho Él es la verdad, pero a los que viven en sus ideales sublimemente exagerados, les cuesta adecuarse, conflictuando sus principios mal basados o así malamente aprendidos.

Vale la pena encontrarnos con nuestra propia verdad y la del mundo en el mismo plan de Dios, porque con ella, seremos libres, sin miedos, ni temores, la crisis de conocerla es buena, porque sabremos a ciencia cierta lo que hacemos y donde estamos.

“¿Hasta dónde conocemos?”

“¿Hasta dónde conocemos?”

Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

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Escuchamos en el evangelio que aquel que viene de lo alto está por encima de todos, pero no se trata de una superioridad en contraposición con una inferioridad del resto, sino que en realidad, se refiere a que ese lugar que ocupa lo es en virtud precisamente de la responsabilidad que conlleva, ya que mientras más alto esté, más responsabilidad tiene de aquellos que están desproveídos sin esa conciencia total de sus deberes y su propio ser.

Es su responsabilidad hacerlos crecer en ese estado de conciencia y también de conocimiento para que no queden limitados a su propia capacidad, sino que tienen la virtud de conocer cada vez más y ser cada vez más. 

Pero nos da miedo conocer porque sabemos que seremos más responsables de nosotros mismos y de los demás, por ello preferimos no adentrarnos en los misterios de Dios ni tampoco en el de los otros cercanos a nosotros. 

Ese que viene de lo alto, lo ve todo, aquello que no vemos porque no estamos ahí, pero que podemos hacerlo si lo decidimos. De aquí la importancia del “Testimonio”, que no solo habla, sino que comparte vivencialmente aquello que no conocemos.

Vale la pena conocer cada vez más, y más aún los misterios de Dios, los cuales dejan de ser misterio, porque no lo son, sino que son revelados generosamente, pero que seguirán siendo insondables para los que no los quieren conocer. Anímate, que la gracia va acompañada con ello.