“Silencios que matan”

“Silencios que matan”

Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: —Levántate y ponte ahí en medio.

Y a ellos les preguntó: —¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

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Una de las actitudes que creemos la más prudente, cuando se presenta un problema muy cercano a nosotros, sería la actitud de no entrometer nuestras vidas y opiniones en los problemas de otros, pero eso en realidad no es prudencia, es en cierta manera cobardía; no significa que tengas que hacer tuya la situación cuando no te pertenece, ni que tengas que obrar como si el problema fuera tuyo, sino que existen un sinnúmero de oportunas intervenciones que podemos hacer.

La primera verdaderamente prudente sería no tomar partido con ninguna persona, sino con la verdad, aquí existe una real oportunidad de sanar la situación en vez de remarcar el error o la negativa de una persona que la empeoraría, pero si la intención va un tanto viciada con tendencia a sacar provecho de eso, entonces te haces reo de culpa por apoyar situaciones no legítimas.

Aquí el problema real radica cuando no se desea seguir la verdad del hecho en sí misma, como lo es el caso del evangelio, en que buscando el mejor y mayor bien de una situación, Jesús pregunta si es lícito hacer un bien mayor del que la ley propone, y aunque sabiendo la verdad, el mal radica cuando tomamos actitudes de silencios que matan, es decir, pecamos de omisión, no dejando al olvido que es una falta en sí misma por la oportunidad de santificarnos ante la posibilidad de ejercer un bien al prójimo.

La omisión no es prudencia, es pecado, porque no basta en la vida con no hacer el mal, lo que si basta es además hacer el bien. Pero si estamos acostumbrados a guardar silencio y no hacer nada realmente oportuno y prudente, estarás negando tu propio ser que fue hecho para el bien, cuando menos iniciar orando para encomendar esa situación, ya es mucha ayuda, poner primero la intervención divina, antes de la emocional humana donde nos podemos equivocar, pero nunca quedar indiferentes, porque eso lo primero que mata es tu propia vida divina.

“Nadie puede tomarse algo para sí…”

“Nadie puede tomarse algo para sí…”

Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él». Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él». El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar».

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Todos los dones y las cualidades con las que nacemos, ciertamente al ser conscientes de ellos e identificarlos, pasan a ser en nuestro propio concepto en general, una cualidad de tu propia naturaleza, como si eso te perteneciera y fuera lo ordinario en ti, sin mayor preocupación porque ya te acostumbraste a ello.

Sin embargo un conocimiento más profundo de ti mismo, hace profundizar la conciencia y sobre todo la propiedad de aquello que haz recibido, sobre todo si nos llamamos cristianos y decimos amar a Dios, lo primero que deberíamos de reconocer en una actitud de agradecimiento es aquello que sin pedirlo hemos recibido, sobre todo a sabiendas que Dios te da lo mejor en para que te desarrolles íntegra y ampliamente en el camino que te tiene encomendado en ésta etapa de la historia de la Salvación.

De tal manera que si reconocemos, porque Dios nos ha dado la capacidad para identificar los múltiples y excelentes dones en los demás, no es para limitarlos ni reprimirlos, al contrario, en ellos a su vez, es una complementación que está toda predispuesta en el mismo plan de Dios, nada sobra, todo tiene un cometido y debe de cumplirse ya que es una digna participación a la que te invita el Señor para que completes esa parte de la Creación que se te ha encomendado junto con las herramientas para ello.

Es por ello, que como dice el evangelio “Nadie puede tomarse algo para si”, es muy cierto que ahora es un regalo y como tal es tuyo, pero no procede de ti, es participado y tiene un fin a seguir. A lo mejor no lo participas, sigue siendo un excelente don pero tú mismo lo limitas.

Nadie puede decirse que tiene una perfección cuando sabe que no hizo nada para recibirla, al contrario, puedes remarcarla agradecidamente referida al autor y entonces ya la estarás encausando al fin que tiene que llegar: a los hermanos y a Dios.

“Sus palabras no pasarán…”

Lucas 21, 29-33

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: “Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. 

Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”. 

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Hay muchas palabras, poesías, literaturas que nos gustan, porque nos identificamos con ellas, las leemos y releemos porque nos llenan y dan alegrías, digo, si es que leemos. 

Pero aún así nos identificamos con cierta manera de pensar, hasta tus amistades, si te pones a pensar, son aquellas, que son como tu, que piensan como tu, que te dan por tu lado, que afirman lo que tu afirmas, y por consiguiente tus enemigos son los que no te dan por tu lado y te contrarían. 

Lo mismo nos pasa con la Palabra de Dios, lo que nos place y nos complementa a nuestro gusto es bien recibida, su palabra es muy buena, según nosotros, pero cuando te dice que lo que haces no está en el plan de Dios, no te agrada, porque te recuerda esa parte que no has querido tratar porque te duele, aunque hable con palabras sanas y sabias, más reaccionamos tan violentamente demostrando que esa es una parte de tu inmadurez que necesita asimilarse en el continuo crecimiento humano y espiritual, porque si estuvieras totalmente sano y con plena madurez, no te dolería nada, venga lo que venga, digan lo que digan. 

Cuantas veces quisiéramos cambiar la voluntad de Dios, que sus palabras cambiaran, porque no me agradan, queremos hacer un dios a nuestra medida, queremos que Dios haga nuestra voluntad, pero se nos olvida que nosotros somos los que debemos hacer su Santa Voluntad, sabía, inteligente, apropiada, directa, recta y crecer ampliamente en todos los sentidos de la vida. Hoy nos recuerda, todo podrá cambiar, el mundo, las circunstancias, las personas, hasta las leyes sociales, pero su Palabra nunca cambiará. No le busques tres pies al gato, acepta su palabra y serás dichoso.

“Lo malo de hacer el bien”

Lucas: 21, 12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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Muchas de las veces, tarde o temprano nos llega la eterna pregunta ¿Por qué si hago el bien me va cada vez más mal?, de igual manera vemos que a aquellos que no laboran tan bien como se debe, les va de maravilla, como si no pasara nada, hasta en un momento de cansancio podríamos pensar que hacer todo bien no vale la pena, tanto esfuerzo para nada, a veces decidiendo caer precisamente en la trampa de tomarlo como una maldición y renunciar a ello.

Entonces en esa etapa, ya caímos en el plan del maligno, ya llenos de coraje y odio le damos vuelo a la hilacha hundiéndonos cada vez más en el ya ordinario pantanal del mundo como si fuera lo normal, y en ocasiones alentados por sus marionetas que no dejan de estar siempre a nuestro lado.

Aquí no se trata de una profecía o una maldición hecha por Jesús a los que le seguimos y tratamos de llevar una vida conforme a la voluntad divina; a lo mejor así lo presenta el maligno, pero en realidad todo cuanto nos acontece lo es precisamente por pura envidia del demonio que no tolera ver en medio del mundo tango bien realizado y lo ponemos en crisis.

Es un hecho que el demonio nunca va a atacar a los que hacen el mal, para qué si ya los tiene trabajando para sí, ataca con todo lo que puede a los que no puede hacerlos suyos, es por ello que cuanto más trates de hacer el bien, más te van a atacar, incluso tus mejores amigos y familiares, porque les duele ver el bien que haces y que ellos no, además de que se prestan al teatrito del chamuco, por ello nunca te canses de hacer el bien, no es ninguna maldición, al contrario, combatir al mal a fuerza de bien, porque atacar mal con mal, ya perdimos y así entramos en el esquema del maligno.

Eso es lo malo de hacer el bien, pero el bien siempre es mayor aunque el mal haga escándalo para publicarse.

“El tiempo de los engaños”

Lucas: 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

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Se habla mucho de que estamos en los últimos tiempos, de que en cualquier momento llegará el juicio final universal para todos y que al demonio se le termina su reinado, para ello se utilizan las ya características señales que al día de hoy nos son comunes, sin embargo como el mismo evangelio lo indica: “eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Por el contrario, somos bien informados para que ciertamente no se den los típicos abusos en el tema, ya que con la temática del miedo y del fin del mundo, se manipula a las personas y sobre todo, se les miente.

Es que olvidamos que desde todos los tiempos, la principal herramienta que utiliza el maligno es la mentira, aquella que precisamente se usa en contraposición radical a la verdad misma y contra Dios, de quien emana todo bien y autenticidad.

Y si a eso añadimos que al chamuco se le termina el tiempo, entonces, utilizando todo su arsenal y empeño en atacar por la premura de su final, es muy evidente que en la más sublime de sus acciones, junto con todas las marionetas que ya sea consciente o inconscientemente se disponen a ser utilizadas para el mal, usan como lema oficial el engaño y la mentira.

Es por ello que ante este ataque ideológico de falsedad envuelta en un velo de ilícita verdad para engancharnos, Jesús revela, que ante todo, hay que vivir en la verdad, y ella nos iluminará, por ello no asustarnos, ya que el miedo nos hace tomar decisiones arrebatadas con consecuencias nefastas.

Simplemente en éste tiempo de los engaños institucionalizados, hay que estar preparados de tal manera que no caigamos en las trampas que por doquier las encontramos, viviendo la verdad, la vida de la gracia y la oración, entonces estaremos capacitándonos para que como cera se nos resbalen todas aquellas faramallas y no hagan mella en nosotros.

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

“Ver lo imperceptible”

Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo».

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En general somos muy buenos para presuponer e interpretar lo que vemos a simple vista, a eso lo llamamos primera impresión, sin embargo deberíamos de tener en cuenta que no basta para dar una opinión certera si en realidad no conocemos de lo que opinamos a fondo.

Las conclusiones no dejan de llegar a nuestra mente para posteriormente asentarlo como cierto o real, quedando como una afirmación procesada y aceptada, aunque en sí mismo no tenga fundamento ni referencias palpables para afirmarlo.

Para ese tipo de percepciones estamos atentos por doquier, pero se nos dificulta ver a Dios a través de los signos palpables y evidentes, le reconocemos en teoría para negarlo o afirmarlo, pero en realidad da miedo verlo directamente, un miedo ancestral que desde el antiguo testamento de la Biblia está reflejado (Ex. 33 18ss), era algo que no se podía tolerar, pero que en realidad refleja el temor a ser conscientes de nuestras faltas ante la santidad en pleno.

Sin embargo Dios hace notar su presencia de múltiples maneras, dejando rasgos de su poder y bondad, capacidad tenemos para ello, aunque le cambiamos la identidad llamándolo suerte, circunstancias, coincidencias, destino, etc… 

Se nos invita a ver lo imperceptible, que dejemos la mala imposición a reconocer tan sólo lo fisicamente palpable, todo lo que tiene materia, y que alcancemos a ver al que une y define cada átomo sosteniendo la forma física que ves. Entonces conocerlo y amarlo.

“No conveniencia, aunque conviene”

Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

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Una de las actitudes que el cristianismo promueve ante todo, es la autenticidad basada en la caridad, la cual debe de estar sustentada en un amor genuino y verdadero a Nuestro Señor Jesucristo, no como un ente superior y lejano, sino como aquél amigo que siempre está esperándonos y dándonos su mano en todo momento.

Pero da la casualidad de que a Jesús lo reconocemos por lo general con un amor auténtico mientras pasa la infancia, porque posteriormente en las siguientes etapas de la vida parece no tan grato amarle y seguirle, pero da la casualidad que al llegar la edad adulta o vejez, místicamente surge nuevamente el amor a Dios.

Mira, qué casualidad, tan sólo cuando eres vulnerable y te ves frágil convenientemente recurrimos a Dios para sanar nuestras necesidades y solventar las penas, pero cuando estamos sanos y llenos de vida, pensamos que las podemos solos. Ahh pero que no te suceda algo negativo porque entonces convenientemente lo vuelves a buscar, tan sólo en las crisis y la necesidad.

Sin embargo vemos que nosotros a Jesús no le convenimos ya que ningún provecho saca de nosotros, no le somos útiles, pero por el contrario aún así no deja de amarnos, ni nos busca tan sólo cuando tiene necesidad, su amor es pleno y constante. Los inestables somos nosotros que no sabemos valorarlo, sino cuando nos es necesario y a veces por orgullo ni eso.

Pues ya es una ventaja que de conveniencia lo busques, pero recuerda que en la medida que lo niegues con la vida, al no tomarlo en cuenta incluso en tus alegrías y fortalezas, estarás dando a conocer cómo deseas que la relación de Dios se de contigo. Abre tu corazón y tu mente que no cuesta nada y el beneficio es mayor, porque de la conveniencia se pasa a la necesidad de amarlo en toda circunstancia y en todo tiempo.

“Información falsa”

Información falsa”

Lucas: 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

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Dentro de un mundo que se dedica a compartir información desde todos los tiempos, donde la situación se agudiza al tener los medios de difusión inmediata, nos encontramos con el problema de la veracidad. Estamos sobre saturados de información, por lo que resulta un tanto difícil autentificar tanto la fuente como el transmisor. 

Problema nada nuevo, porque en el mismo evangelio nos encontramos que al mismo rey le llegaba la información parcial, algo le comunicaban, pero si el medio era ineficaz y no confiable, donde impregna los datos con su propia opinión, el resultante obtenido es una mentira o un verdad incompleta.

Lo mismo nos puede acontecer, puesto que nuestro deber es, antes de emitir cualquier juicio es documentarnos, para así identificar si lo que conocemos acerca de una persona o situación es lo correcto, o si de por medio hay alguna mala interpretación.

Por ello la curiosidad no está de más, ya que incita a la búsqueda y profundización de una verdad. Hay que tener cuidado con nuestros informantes, saber si son confiables o si son simples repetidores de palabras indiscriminadas, además de conocer los hechos y las personas involucradas para completar el poder dar fe a la información recibida.

En medio de tanta manipulación y manejo de información deteriorada y falsa, debemos cuidar la verdad que al final es la que nos hace crecer y conocer la realidad tal cual es para no inventar, ni divulgar información falsa.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.