“Cercanos para comprender”

“Cercanos para comprender”

Marcos: 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.

Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.

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Los preceptos divinos, suelen ser muy claros, sencillos y de fácil asimilación, presuponiendo que se está en el contexto de la cercanía con el Señor. Pero aún estando cerca de Él, si no se mantiene vivo el depósito de la fe en la verdad, puede irse desvirtuando con el tiempo aún interpretado por los mismo líderes religiosos.

Es un compromiso y una tarea mantener integro dicho depósito de la fe, ya sea en el cuidado de las Sagradas escrituras, para que no se le cambie el sentido y la interpretación autentica y original, así como las sanas y vivas tradiciones que nos van llegando de generación en generación.

Por un lado, aunque la religión mantenga la autenticidad en la doctrina, la misma gente va haciendo sus versiones populares sin fundamento y se sostienen entre aquellos que no profundizan en el conocimiento de Dios y su Palabra, quedándose cómodamente en el concepto populachero, afirmándolo como si fuera el original.

Por ello Jesús quien conoce la verdad en sí misma, da a conocer que esos conceptos reinterpretados son erróneos, y a veces hace falta acercarse a la verdad y a Dios, autor de la misma para entenderlo en toda su plenitud por obra de su Santo Espíritu.

Pero si no somos capaces de acercarnos y disponer nuestra alma a que Dios nos otorgue su ciencia y sabiduría, mucho menos entenderemos a ciencia cierta sus preceptos, en medio de un maravilloso plan concebido en su amor, y por ende mucho menos se asimilará el concepto popular que está digerido sin razón y basado en sentimentalismos.

“Atacar con los miedos”

“Atacar con los miedos”

Mateo: 3, 22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

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Nada nuevo resulta en este mundo cuando una persona ataca a otra sembrando sus miedos en los demás, como si el otro fuera el mismo mal quien amenaza, para crear un ambiente de psicosis y temor grupal, y así salir como redentores y solucionadores del mismo problema que siembran.

El inconveniente resulta en este caso, en que no se están dando cuenta de la magnitud del problema que están acarreando, así como del que están dejando, porque en medio de su ignorancia y necedad, directamente están blasfemando en contra de los más sagrado que es el Espíritu Santo que obra en todo y en Jesús como autor de sus obras.

Hasta allá llegan los miedos y sus consecuencias directas, las herramientas más comunes para obtener sus malos deseos y afirmar sus negativos juicios son la mentira, la difamación, el escándalo, la maldición, la envidia, el celo; herramientas que no vienen precisamente de Dios, y que inclusive a quienes hablan de Dios, como en este caso son los mismos escribas, no los excluye el pecado, ya que se vuelven contra lo que predican.

Fortaleza de espíritu, oración, vida de gracia, es lo que necesitamos para que nuestros miedos no nos hagan atacar inclusive al mismo bien.

“Fiat”

“Fiat”

Lucas 1, 26-38 

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: —«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: —«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: —«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: —«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel. 

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Es preciso remarcar que el inicio del cumplimiento de las promesas mesiánicas dependen de la aceptación de un “fiat” es decir, un “hágase” en latín, palabra que complementa una petición de permiso y aceptación, que se da tan plenamente en el momento de la Anunciación, donde el Angel Gabriel pide el consentimiento de María Virgen para aceptar ser partícipe y colaboradora del plan de la redención, al permitir dejar que Dios se revista de nuestra humana materialidad y nuestra carne en Jesús.

Momento único que cambió la completa historia conocida hasta el momento, aquella que estaba dominada por las consecuencias del pecado original, donde se inicia un proceso  de salvación en el tiempo, dándonos una solución llevadera a nuestro propio ritmo de vida.

Hay que considerar que ese fíat fue preparado y argumentado a su tiempo. Actualmente en la tradición bíblica, San Lucas nos narra de una manera sintética dicho encuentro entre el Arcángel Gabriel y María, me atrevo a considerar que las palabras dadas textualmente ante la incógnita de María son un resumen de la explicación sobre el proceso que acontecerá si es que accede dar un Sí, ya que María consciente de a lo que se le está invitando con toda la calma del mundo pregunta para entender a detalle en lo que se está comprometiendo y arriesgando por lo que el diálogo original ha de haber sido más profundo y extenso.

Una vez aclarado y entendido el asunto da un Sí, un Fiat, un hágase, con pleno conocimiento de causa, afirmación cooperativa que incluye en su persona a la humanidad entera sin excluir a nadie, donde se da de igual manera la salvación de manera encarnada y real a nuestro ritmo de vida. Por ello hay que estar agradecidos por ese hágase que nos devolvió la gracia aquella que por Eva se había perdido.

“Son pocos los que quieren salvarse…”

“Son pocos los que quieren salvarse…”

Lucas 13, 22-30 

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

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Dentro de la concepción de la salvación eterna se percibe un cierto aire de exclusividad, como si llegar a la eternidad fuera para tan sólo unos cuantos, como si Dios lo hiciera muy difícil, de hecho la pregunta del evangelio “¿serán pocos los que se salven?” va impregnada de una idea de selectividad divina.

Cambiar ese tipo de mentalidad, junto con aquella que posiciona a Dios como un salvador a mi gusto y medida, con derecho al cielo aunque mis obras no lo ameritan y exigiendo la bondad del todo poderoso, que por cierto es aún mayor de lo que pensamos, pero que se gana; cambiar esa concepción depende del trato y conocimiento directo de Dios.

De hecho en realidad lo que pretende inculcar el Señor Jesús, es hacer conciencia de que la salvación no depende tan sólo de Dios, ciertamente es el autor innato y dispuesto a que estemos plenamente en su presencia por toda la eternidad, pero remarcando que los que deseen estar con Él son los que buscarán el camino de retorno a la casa del Padre por medio de su Hijo Jesucristo.

Le verdad revelada afirma que no son pocos los que se salvan, ya que todos son invitados sin exclusión alguna, más bien, la realidad confirma que son muchos los que no quieren regresar a la casa del Padre, no quieren su salvación, ni su gracia, ni su amor, y su vida tal como la llevan afirma sin palabras pero a gritos que no desean nada con Dios.

Por ello me atrevo a afirmar que la salvación no es una ruleta a la que juega Dios, sino una elección donde son pocos los que eligen salvarse, ya que la puerta y el camino están dispuestos, pero depende de nosotros tomarlo.

“Extirpar de raíz”

“Extirpar de raíz”

Marcos: 9, 41-50

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados con fuego. La sal es cosa buena; pero si pierde su sabor, ¿con qué se lo volverán a dar? Tengan sal en ustedes y tengan paz los unos con los otros”.

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Ciertamente el evangelio es radical y cero tolerancia en todo lo que se refiere al pecado y lo que nos hace perder la gracia de Dios, más no es radicalista, es decir, que exija de manera tajante y extrema sus preceptos, sino que por el contrario van a sanar de manera generosa y definitiva toda dolencia de alma y cuerpo.

Habrá que ver lo textual de las palabras de Jesús cuando hace mención a amputar partes del cuerpo con las que se puede pecar. Aquí lo que hay que entender de tajo, es que de suyo cualquier extremidad u órgano corporal, no es pecaminoso en sí mismo, no se refiere a extirpar un miembro como si fuera el mal y origen del mismo.

De hecho cada parte de nuestro cuerpo no deja de ser un instrumento con el cual podemos auxiliarnos para realizar nuestras labores; aquí el problema radica en que precisamente no se utilizan para el bien que fueron destinadas, y de eso se encarga nuestra mente, que puede desviar el uso y desuso, así como convertirlo en abuso de cada parte de nuestro cuerpo.

Es por ello, que a lo que se refiere Jesús, no es a mutilar nuestro cuerpo, sino a extirpar de raíz aquello que genera el mal uso de nuestro ser, porque de igual manera podemos hacer mucho bien con el mismo. La referencia el clara: “si te es ocasión de pecado”, entonces la ocasión es la que hay que erradicar y no las partes de nuestro cuerpo con las que podemos santificarnos. 

Extirpar de raíz el mal, los pensamientos negativos, tóxicos y obsesivos, es la solución más sana para no volver a mal utilizar lo que el Creador nos ha regalado.

“Los que están a nuestro favor”

“Los que están a nuestro favor”

Marcos 9, 38-40

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: —Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Jesús respondió: —No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

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Cuando en la vida nos vamos desenvolviendo con soltura y poco a poco vamos definiendo tanto nuestros gustos, amistades y necesidades, nos unimos a círculos afines a nuestro pensar y actuar, dígase en la escuela, en la zona que vives y hasta en la propia familia; de alguna manera todos somos selectivos y hasta exclusivistas.

No tiene nada de raro el que busquemos naturalmente las simpatías con las que congeniamos, es una tendencia natural que al final la hacemos racional y aceptamos como una elección aprendida. 

Pero eso no significa que el resto de la humanidad tenga que estar a nuestro favor, no tienen qué pensar como yo ni actuar y razonar a nuestra manera. Cuando somos inmaduros esto lo canalizamos como rechazo e incomprensión, haciéndonos los mártires relegados de la sociedad, que es una manera eficaz de llamar la atención.

En realidad la base de nuestra ideología debe estar fundamentada en la verdad y de ahí partir para que todo lo que se desprenda de ella brille con su propia autenticidad. Una vez que estemos del lado de la verdad en sí misma, no intentaremos imponernos porque será un punto de convergencia, háblese de religiones o de asuntos políticos ya que a veces la confundimos con ideologías o filosofías que defienden lo que llaman “su verdad” particular, que no es la verdad en sí misma.

Aquí debemos de no buscar que nos den por nuestro lado, sino a aquellos que están no sólo en favor de una ideología, sino de la verdad en sí misma. Esos son los que están a nuestro favor, digo si es que nosotros estamos en la verdad. Y si hay otros que la proclaman, tener en claro que no es de uso exclusivo porque al final estarán del lado de aquél que es la verdad, Dios.

Por ello no esperes que estén a tu favor, aunque tengas toda la razón, no permitas que los que no quieren vivir la autenticidad y la valentía del amor de Dios, la bifurcarán para sus propios y egoístas propósitos, tu no te canses de vivirla y proclamarla, ya en el camino encontrarás aquellos que sin proclamarlo estarán a nuestro favor.

“La ley limita”

“La ley limita”

Marcos: 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”.
Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces se salieron los fariseos y comenzaron a hacer planes, con los del partido de Herodes, para matar a Jesús.

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No negamos la importancia de la ley, que promulgada de manera sencilla y de fácil entendimiento para todos, no deja de ser una herramienta que en todos los niveles del intelecto humano establece un principio común, como referencia de verdad absoluta.

Sin embargo, la ley no queda en el puro precepto, eso es el principio básico, a su vez se desdobla en múltiples especificaciones dentro del mismo concepto normativo en dónde se avalan las circunstancias que la agravan o la despenalizan.

Cuando no se alcanzan a percibir todas las ramificaciones legales hasta donde alcanza un precepto, quedamos cortos, es decir nos conformamos con la aplicación tajante del precepto básico, a veces por comodidad, pero que malo aún más, si es por ignorancia culpable, cuando en realidad se puede indagar aún más en el precepto.

Aplicada así la ley, limita, no permite analizar las circunstancias por las que se llegó a quebrantar y mucho menos se justifica. Por ello a Jesús le juzgan sin piedad, su herramienta es la misma ley divina, pero aplicada desde una perspectiva limitada y condicionada por las situaciones históricas y culturales.

Qué pena que la misma ley de Dios, juzgue al mismo Dios, sin sus complementos: la caridad, la razón, las circunstancias, la búsqueda del bien mayor. Por ello “los miró con ira y con tristeza, porque no querían entender”, al final de cuenta auto limitados por su propia ley reinterpretada y condicionada, donde impera el hombre, más no Dios.

Al igual nosotros podemos limitar la ley a nuestra conveniencia, o al de quien manipule la sociedad, pero esa ley no dejará de estar limitada por la mente humana.

“La ley en servicio”

“La ley en servicio”

Marcos: 2, 23-28

Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”
Él les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”.
Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

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Es un hecho que la ley nos es dada siempre como una muy útil herramienta que facilita un camino de crecimiento sano en todo los aspectos, tanto físico y espiritual en lo personal, así como en lo público y social.

Jamás la ley jamás será un impedimento o una prohibición, como bastantes lo interpretan, ya que les impacta el aspecto de proclamarse imperativo y en dicción negativa con el capital NO cometerás… pero en realidad se trata de una guía de auto ayuda, donde se nos invita a evitar aquellas situaciones y circunstancias que de suyo consecuentemente tienen efectos garantizadamente negativos y dañinos a nuestro íntegro ser.

Cuando la ley se toma de manera tajante y radical, en vez de ser un instrumento de ayuda, se convierte en artefacto de opresión, porque la misma ley se puede aplicar de una manera exigente y despiadada, es entonces cuanto se utiliza como arma para imponer, pero consecuentemente se le repudia por el fin utilizado.

Por ello, ante esta intensa aplicación e insana observación de la ley, Jesús repudia dicho abuso, porque entonces no se está cumpliendo su real cometido, que es estar al servicio del ser humano y no al contrario. Es necesario conocerla en todos sus vertientes para a su vez identificar cuando algo superior la deroga, no negándola, sino siendo superada por algo mejor, en ciertas circunstancias que lo amerita, con flexibilidad pero siempre justificada con la razón y la verdad, porque en realidad se obtiene un bien mayor.

Yo si quiero, ¿Tú quieres?

Yo si quiero, ¿Tú quieres?

Marcos: 1, 40-45

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.

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Es muy de nuestra naturaleza el sentirnos totalmente autónomos y a veces casi todo poderosos ya que parece podemos hacer todo lo que se nos venga en gana, en el momento y a la manera que deseemos. Eso por sentirnos plenos y llenos de vida así como de salud de cuerpo y mente.

Sin embargo una persona que carece de la salud, su mentalidad es muy diferente, no opta por esos protagonismos, no porque no pueda, sino que vive más ubicada en la realidad y ellos mismos saben que ni los que gozan de plena salud los pueden llevar a cabo.

En medio de la vulnerabilidad a la que en realidad estamos expuestos todos, viene la necesidad de pedir ayuda, cosa no tan fácil, porque primero hay que dominar el orgullo para poder pedir un favor a los demás, si a los hermanos nos cuesta pedir el favor, con el orgullo bien puesto se suele transformar en coraje hacia Dios por echarle la culpa de tenerlos en esa situación.

Olvidamos que la mayoría de los males son la consecuencia necesaria de nuestro propio mal obrar sin responsabilidad plena, porque lo que hacemos mal, resulta en un mal para nosotros y los que nos circundan, jamás surge como un castigo de Dios, ya que su obrar no es por ese medio.

Su misericordia es tan infinita, que simplemente opta por saber esperar, ya que jamás su actitud será un no al pedir la vida de la gracia y aquello que nos lleva a ella como lo es la salud para por medio de su buen uso en la vida santificarnos y poder hacerlo.

La cuestión de la salud no radica en Dios, aunque Él tiene la última palabra, olvidamos que radica en nosotros, porque Dios desea tu plena salud, de alma y cuerpo, pero nosotros somos los que gritamos obtenerla, pero no queremos recibirla ya que no disponemos la vida para ello. Pedimos milagros pero no nos disponemos a recibirlos, no cambiamos nuestra manera de vivir y de pecar, queremos que Dios haga todo y nosotros nada, por ello Jesús afirma “yo si quiero”, ¿pero nosotros queremos? la respuesta a tu necesidad la tienes tú. 

“Que tal si lo corremos”

“Que tal si lo corremos”

Marcos: 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

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Una de las expectativas que tenemos para nuestra vida es el ser felices en todo momento, situación que se hace realidad en la medida que conozcamos precisamente tanto el concepto del mal como del bien. A veces pensamos solamente que debemos de conocer el bien, sin embargo, es necesario ser conscientes de la existencia del mal, no para seguirlo, sino para identificarlo y defendernos del mismo, así como para valorar la grandeza del bien ante lo imperfecto del mal.

El mal nunca es una opción, pero ahora lo equiparan a la par del bien, como si fuera una elección paralela, cuando en realidad jamás se le puede comparar al uno con el otro, el bien siempre supera toda comparación, no es mensurable.

Y aunque algunos optan en realidad de manera fanática por el mal como una rebeldía por alguna circunstancia histórica violenta que les aconteció en la vida, a veces consciente, a veces inconsciente, y permanecen en el mismo. Por el contrario existen circunstancias en las que sin necesidad de declararnos partidarios del mal, de alguna manera lo somos cuando no dejamos de pecar de manera asidua y dependiente.

Nos permitimos odiar, insultar, denigrar y todo pintarlo de sombras por más luz que haya en nuestro alrededor. Aunque lo neguemos, le estamos dando cabida al mal, y por ende al maligno que es quien lo sugiere sutilmente, cayendo en blandito, pero hundiéndonos hasta el fondo, permitiendo que nos ofendan, que nos humillen, que pisen nuestra dignidad, que nos obliguen a negar a Dios prácticamente, reservando su trato a lo secreto e interior.

Es por ello que es necesario un basta, que tal si lo corremos de nuestros ámbitos laborales tan pesados, de nuestro maltrato en la familia, de esas amistades en las que nos mantenemos en mutuas adicciones y codependencias. Hay que permitir que la gracia llene esos espacios y los cambie con su luz, descansa de los asedios del maligno y deja al Señor que lo expulse como lo hace en el evangelio y mejore todos esos ambientes, con tu voluntad inicia ese proceso.